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Viernes 18 de Agosto de 2017 - 12:01 AM

Norman, valiente blanco

Columnista: Samuel Chalela

Nadie recuerda a Norman. Era 1968 y en las Olimpiadas de México un atleta australiano subió al podio de los 200 metros planos con dos afroamericanos que osaron desafiar los protocolos: estaban descalzos y llevaban un guante negro (solidaridad con los negros cultivadores de algodón de Luisiana que no tenían derecho a usar zapatos y el adminículo para hacer el saludo de las Panteras Negras al compás del himno de Estados Unidos). Además, los tres -el australiano también- portaban el distintivo del Programa Olímpico por los Derechos Civiles. Hubo sanciones para los negros. El blanquito australiano osó adherir a la idea de la igualdad racial viniendo de un país racista, se llamaba Peter Norman.

Casi medio siglo después en Charlottesville la tara silenciosa decide gritar; no es lo mismo evolucionar que disimular. La descarada tibieza de Trump, la desfachatez de los movimientos de supremacía racial y hasta la infausta agresión a la colombiana Ilia Calderón ponen en evidencia que la humanidad no aprende ¿o sí? Todas esas cosas como la “humanidad”, la “patria”, etcétera, son mitos colectivos necesarios para arrastrar masas, pero igual mitos. Los individuos siguen participando de ideas fáciles, de prejuicios que sirven de barrera para soportar su ausencia de identidad. Las ideas instaladas de racismo, machismo, sexismo, nacionalismo, son productos culturales (creaciones sociales) que no tienen fundamento alguno en la biología ni en la ética, más bien resultan profundamente inmorales. Bastaría conocer la historia, repasar los tropiezos, no para no repetirlos (la “humanidad” no aprende) sino para conocer el camino corto hacia el desastre y hacia la rectificación.

Mientras en Alemania está prohibida la simbología (gestual o icónica) del nazismo, el resurgimiento de movimientos neo nazis en lugares como América Latina (con mestizos y marginales por doquier) se apertrecha en la ignorancia, que esa sí es atrevida. Y pensar que no tenemos cátedra de historia obligatoria: no importan las fechas, ni la secuencia; los descalabros humanos dejan cicatrices, no conocerlos es como unirse a las vacas que pastan sin saber del ayer en el potrero ni del mañana en el asador. Peter Norman fue despreciado en Australia, no fue incluido en el equipo australiano de Munich 1972 y murió sin ser reivindicado, a pesar de haber retenido la marca de 20,07 segundos para los 200 metros. Su pecado fue no ser racista

Autor:
Samuel Chalela
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