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Viernes 22 de Diciembre de 2017 - 12:01 AM

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Columnista: Samuel Chalela

Faltan solo 5 años para que celebremos los 4 siglos de Bucaramanga. Como se trata de opinar, me doy licencia para hacerlo como transeúnte desprevenido, aunque a ello se oponga el apego a esta tierra. La Bucaramanga reciente y, claro, la de 2017, estaría definida en una palabra: crecimiento. Y la narrativa del bumangués medio (incluso la de las autoridades y líderes locales) en torno al crecimiento, está salpicada siempre por al menos dos aspectos: el auge constructivo y la cantidad de instituciones educativas –y el tamaño de éstas-.

Proliferación de construcciones y ser sede de constructoras de vertiginoso crecimiento, no dice nada respecto al valor arquitectónico ni a la planeación de la ciudad. Edificaciones mediocres, seriales, sin contemporaneidad, ancladas a una estética anticuada y a una burda mezquindad de espacio y materiales, han deteriorado el perfil urbano bumangués que ya luce sin identidad y chabacano. Los que saben, los programas de arquitectura y afines, los gremios (la lonja), las entidades sin ánimo de lucro (la sociedad de mejoras públicas) -a falta de los dirigentes- pueden promover la calidad de la construcción e irle reconociendo y agregando valor patrimonial a la innovación y el diseño.

Es cierto que en la lista de mejores colegios de Colombia hay varias instituciones locales, pero que éstas sean privadas y que el estallido de la oferta educativa del nivel superior también lo sea, deja servido en la mesa el grave problema que tenemos de falta de acceso universal al conocimiento aunado a la crisis de la educación pública –otrora líder-; una profundización de la brecha social. Academias como máquinas irracionales de diplomar más y más incautos que no contribuyen a ampliar la clase media, sino a frustrarla y degradarla. Hay más bumangueses con diplomas, pero la competitividad de éstos y su capacidad para impulsar progreso y bienestar (ambas variables de la ecuación) es escasa.

Alrededor del crecimiento, se han trabado en el mundo profundas discusiones entre economistas, sociólogos, pensadores y unos pocos políticos serios que quedan. Todas intentan generar articulación entre la marcha continua de la maquinaria capitalista (en cualquiera de sus formas, desde la más moderada hasta la puramente basada en las leyes del mercado) y el bienestar de los individuos. Ese debería ser el centro del debate: no es lo mismo ser el más grande que ser el mejor, por eso crecer no basta.

Autor:
Samuel Chalela
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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