Viernes 25 de Mayo de 2018 - 12:01 AM

Se puede

Columnista: Samuel Chalela

La memoria histórica social es una herramienta efectiva para ponerles límite a los extremismos. Superar esa faceta primitiva de depositar en las extremas la confianza para resolver los problemas de las sociedades, máxime si estas son diversas y aspiran a ser plurales y equitativas (democráticas), es cuestión del devenir histórico. En un mundo globalizado las extremas son pasadas de moda, cursis.

Los individuos pueden, por precariedad escolar o por dificultad de inserción social surgidas de desordenes de conducta, tener dificultades para malear o adaptar el pensamiento y entonces cómodamente se anquilosan en los extremos dogmáticos y radicales.

Pero es que las sociedades democráticas se ensamblan para funcionar de manera orgánica, con estructuras donde quepan todos. Entonces no será ninguna extrema la que inspire el voto –al menos el mío- en la coyuntura que vive nuestra sociedad, sobre todo si pretendemos salir de las heridas de una guerra que era como el tapete bajo el que durante décadas escondimos desastres como el narcotráfico, el desplazamiento, masacres, abandono de territorios y ocupación criminal del mismo, como tantas otras de nuestras iniquidades. No serán Duque (Uribe) ni Petro opciones válidas, cuando ambas populistas, promotoras del acomodamiento de las instituciones y la Constitución a intereses personalistas, puedan dejarnos anclados en la sociedad bananera, mesiánica y disfuncional que hemos sido. Es incoherente pretender lanzar a Colombia hacia adelante con atavismos ideológicos ya en desuso como el discurso de subvenciones y asistencialismos insostenibles de Petro; o la dogmática excluyente, mesiánica, ingenuamente autoritaria de Uribe y, por consiguiente, tan populista como la otra, que solo beneficia al cabecilla y su círculo, solo sirve a sus intereses oscuros o claros sin importar la degradación social o institucional que ellos comporten, los cuales ya vivimos y constan en la memoria que pocos quieren consultar, embebidos como están en la euforia del miedo y la propaganda negra. Se puede aspirar a un nuevo impulso con opciones de centro. Fajardo representa una nueva forma de vernos como país, una decisión de acometer nuestras deudas en educación, inclusión, biodiversidad, equidad y modernización social. Es darnos la oportunidad de limpiar el parabrisas de este bus llamado Colombia de los intereses personales y los compromisos politiqueros, para dedicarse a hacer lo que toca. Mi voto es por Fajardo en primera vuelta.

Autor:
Samuel Chalela
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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