Viernes 22 de Junio de 2018 - 12:01 AM

Y no pasa nada

Columnista: Samuel Chalela

La visibilidad de situaciones de maltrato de género es una forma de lucha. De hecho, en sociedades con estrategias integradas (Institucionalidad, escolaridad, prensa, etc.), el efecto de mostrar el maltrato hacia la mujer empieza a despertar vergüenza, recato entre la población, respecto de actitudes usualmente acomodadas, habituales, que en realidad representan un inmenso desprecio hacia ellas.

Insólitamente, en Colombia, como ocurre con muchas otras estrategias, no se articula la visibilidad con la denuncia y la consecuente y efectiva sanción, ni con la vinculación a la cotidianidad de exigencia social de respeto de género y valoración de la mujer. Entonces, en lugar de vergüenza se desata entre algunos segmentos el descaro, el cinismo, una especie de heroísmo vergonzoso que solíamos sostener en la habilidad para trampear, y al que ahora le agregamos la cobardía de agredir a la mujer.

No es que -como ocurrió con la paz- se pretenda que por tener un acuerdo sobre igualdad y respeto de género, vayan a desaparecer los episodios de la noche a la mañana. Pero se espera que sea efectiva la sanción, al menos la social, de quienes pasan una raya que en el mundo occidental es infranqueable hoy día. No hace falta ser padre de hijas, ni hermano de mujeres -ese paradigma es igual de machista-; basta con ser humano y haber al menos ojeado un museo o un folletín de historia, para entender que los prejuicios de género y raza son tan bárbaros como el garrote prehistórico y el canibalismo.

Que en el Senado de la República se le diga “vieja hija de puta” a la senadora Claudia López, sin que pase nada es aberrante. Y la frase justificativa que no tarda en aparecer, acerca de lo incómoda que es por sus denuncias, su tono o su efervescencia, es tan cavernícola como la de “la violaron por andar exhibiéndose en esa ropa vulgar”. La semana ya estaba caldeada con el hincha que hizo rodar en la red a dos japonesas repitiendo ingenuamente en español la frase “soy puta, soy perra”, que él mismo les enseñó. Claro, si es que no hace mucho el bolillo Gómez levantó a patadas a una mujer en la puerta de una discoteca y no pasó nada. Lo que nos corroe es la indolencia, la incapacidad para reaccionar social e institucionalmente contra nuestra propia barbarie.

Autor:
Samuel Chalela
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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