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Viernes 04 de Noviembre de 2011 - 12:01 AM

Mirando al jardín

Columnista: Samuel Chalela

Cuando atravesábamos tiempos de dificultades o penas, mi abuela se sentaba de espaldas al cacareo quejumbroso de la familia y miraba al jardín; de repente, empezaba a hablar de las buenas noticias de las casas de los conocidos: que fulana está muy bonita, que a perencejo lo nombraron en un cargo buenísimo, que mengana acaba de tener unos gemelos muy sanos; todos la miraban desconcertados.


Después de las elecciones del 30 de octubre, llegando a Bogotá desde Bucaramanga, escribo estas líneas dedicadas a Medellín. Doy la espalda al muro de los lamentos y miro hacia el jardín.


La capital de la montaña celebra esta semana 336 años de fundada y se muestra como la más ciudad, la verdaderamente comunitaria y la única progresista de las urbes colombianas. "Sos linda Medellín" es la campaña institucional con que se celebra el aniversario, en la que los medellinenses –porque decir paisa es hacer mucho revuelto- sacan al sol su civismo, con jornadas de embellecimiento de espacios públicos. La inversión pública en educación y espacios culturales se entrelaza con un palpitante viraje del talante paisa hacia la innovación, el conocimiento del mundo y de otras culturas. Galerías dispuestas a la contemporaneidad, nuevos restaurantes que improvisan la herejía de servir algo más que bandeja paisa y espectáculos de distintas raigambres hablan de la caída de los muros del arriero. Medellín no es más una parroquia y quiere ser una metrópoli.


Como corresponde, los edificios públicos son los que lideran la vanguardia arquitectónica y le dan perfil propio a la ciudad. Las autoridades locales se la juegan por la construcción del tejido social, con inversión en infraestructura para los sectores antes marginales, que permita una articulación del casco, urbano incluyente y popular. Desde el aeropuerto, las vías de acceso, el metro, el metrocable y los servicios públicos, la pujante urbe se empina sobre las otras ciudades. Los problemas sociales, la violencia y los casos de delincuencia persisten, pero se respira la voluntad ciudadana e institucional de seguir luchando para reducir las causas y los efectos; no hay indolencia ni simple lamentación.


Además, a la hora de la democracia, la valía antioqueña eligió bien, otro contraste con el país. Capacidad de verse y reinventarse, alcalde rojo y gobernador verde en tierra azul. Medellín es un jardín y quiero mirar hacia allá para olvidar, como hacía mi abuela.

Autor:
Samuel Chalela
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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