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Viernes 11 de Noviembre de 2011 - 12:01 AM

La crucifixión del diablo

Columnista: Samuel Chalela

No ganó; como Jesucristo, el primero pero no el único Mesías, está siendo rechazado y condenado por su grey; aquellos por quien él sacrificó su salud, su apacible ruralidad, aquellos por quien congregó a sus adeptos discípulos: hombres comunes que por la gracia de algo –en el caso de Jesús por gracia del Espíritu Santo- pasaron de ser rústicos pobladores (por lo del Poblado) a ser pensadores que hablan en lenguas, le han dado la espalda y, vox populi vox dei, está más solo que el Redentor en el sepulcro. Si él como el Galileo, también vino a salvarnos, a luchar, como pretendieron otros incomprendidos como Hitler o Videla, contra los enemigos internos y externos de la patria, ¿por qué este hecho de alta traición? ¿cómo osan no preferirlo?, ¿cómo osan apartarse de él? ¡Terroristas!


Y no ganó; es más, perdió estruendosamente, es que están locos, todos deberían estar recluidos en un manicomio, allí sí ganaría; el sabio delirio colectivo lo haría amo y señor, como corresponde. ¿Cómo pueden elegir alcalde a un tipo que hace 25 años fue guerrillero? Eso es lo que es de rasgarse las vestiduras, no la sustentabilidad de su programa, ni su sospechoso populismo; esas son cosas a las que, a la postre, todos apelan, hasta él, el mesiánico. Los vínculos actuales con el paramilitarismo –no de 25 años atrás- de algunos de los gobernadores recién elegidos, son asunto menor, mentiras, calumnias de los terroristas.


Es que no ganó; se lo llevó una turba electoral enardecida, embrutecida por los embustes que le endilgan; una masa de electores que él había dejado liberada de presiones, protegida por grupos de seguridad privada, instruida en los dogmas de una teoría política de altísima heráldica filosófica: la de "los tres huevitos". ¿Cómo pudieron desviarse? Darle crédito a las infamias sobre su interés en perseguir jueces, periodistas y oposición; creer que su hijo amado podría utilizar subsidios agrarios para beneficiar familias ricas; tolerar chismes sobre parapolítica, falsos positivos, corrupción en contratación, prebendas para asegurar su permanencia –un simple articulito-, información privilegiada para beneficio de sus hijos, cuando se sabe que ellos, tan astutos para los negocios, no necesitan dato alguno. Qué infamia, terroristas todos, lo llevan como el ángel caído a la locura; la crucifixión del diablo, pero por lo que se ve, en este caso sin resurrección.

Autor:
Samuel Chalela
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