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Viernes 18 de Noviembre de 2011 - 12:01 AM

Beso papal

Columnista: Samuel Chalela

Un-hate, "des odio", una forma muy original de nombrar una posición mental y emocional que reclama el mundo contemporáneo. Bennetton: publicidad conceptual. Un-hate no es "amor", porque "no odiar" no significa amar; tampoco es "tolerancia", porque esta conlleva la idea de algo digno de rechazo que hay que –digámoslo así- aguantar. No, ni lo uno ni lo otro. La campaña incluye imágenes de besos en la boca entre Chávez y Obama, Sarkozy y Angela Merkel y los líderes de las Coreas, Norte y Sur. Claro, también está la de Benedicto XVI besándose con el imán egipcio suní. Es alegórico; evidente la simple intención de representar la idea del "des odio" a través de personajes contrapuestos.


¿Alguien entiende eso como la puesta en escena de la vida íntima de algún personaje? Ni se me había ocurrido pensar en que Sarkozy, teniendo a la Bruni, se besara por erotismo con la Merkel; nunca vi el beso de Obama con Chávez como la hazaña de un paparazi en una playa del Caribe. Hay que ser un cretino para sacar esas conclusiones.


El beso –montaje sin pretensiones de hacerse pasar por real- al Vaticano le resultó ofensivo para el Papa y los católicos. ¿Lo ofensivo es que se besen? ¿Que sea en la boca? ¿Que sea con el líder suní? ¿Que no sea verdad? Una muestra de aquello que combate esa publicidad: odio y arrogancia, en cualquier caso: por el beso, por los suníes, por los gays, por las alegorías. Intangibilidad presuntuosa y pasada de tiempo. Si a los católicos les ofende una foto del Papa besándose con un musulmán más de lo que les llegan a conmover las imágenes de hambre, muerte y guerra que recorren a diario el mundo, no hay que agregar nada sobre la crisis de la Iglesia. Basta ver, como vi, una misa celebrada por un monseñor en la que este se ocupa tanto de ponerse y quitarse ese ridículo sombrero (mitra), que uno se siente más ante un cómico que ante un pastor de fe. Ofensivas tal vez –y en todo caso retadoras- son las imágenes de Benedicto con unos afeminados zapatos rojos de Prada (que ni Juan Pablo usaba), o sus diatribas contra el uso del condón, ante una población africana pobre y castigada por la epidemia del sida. Quedémonos solo en imágenes.

Autor:
Samuel Chalela
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