Publicidad
Sáb Nov 18 2017
19ºC
Actualizado 09:06 am
Viernes 25 de Noviembre de 2011 - 12:01 AM

El que escribe…

Columnista: Samuel Chalela

Acerca de escribir dijo Goethe que es "retratarse a uno mismo". No es un oficio de entramada alquimia; las mejores cosas se escriben sin rebuscadas formas ni artilugios, con la autenticidad del que pone el alma sobre el papel. He tenido desde niño la suerte de conocer gente que escribe con talento genuino y honestidad. Incluso en los salones de clase, desde los patios de San Pedro y atravesando la calle flanqueada por almendros ante la entrada principal del colegio, me "encompinché" con artesanos de letras -en ese entonces- y viciosos de la vida consciente, hoy especie escasa en la ciudad.


Carlos Andrés González esta semana publica "A la sombra de los almendros", la novela de sus primeros años cuerdos -porque la cordura es dejarse llevar por quien uno mismo es; algo en lo que la mayoría gastamos casi la vida entera, mientras otros como González, lo logran desde muy temprano-. Es un relato urbano, disimulada pero innegablemente autobiográfico, retrato de toda una generación, que además de reivindicar el "flaneur" (deambular sin rumbo) del que hablaba Walter Benjamin, reconstruye las soledades de los adolescentes de los 80, esa década en que empezaban a afearse las casas, las costumbres y las gentes de Bucaramanga, y en la que las bibliotecas y las artes, como monjas de claustro, se marchitaron resignadas en los anaqueles de los abuelos. Signo melancólico de una consentida decadencia que se precipitaba ya desde ese entonces, sin que nadie la quisiera ni pudiera detener.


Carlos Andrés desde el colegio hacía versos, cuentos y ensayos, estudiaba escribiendo, vagaba escribiendo y podría jurar que dormía escribiendo. Y lo hacía sin otra pretensión que hablarse a sí mismo, al tiempo que devoraba libros de filosofía y literatura y nos soltaba a sus amigos perlas sobre escritores que los profesores ni siquiera conocían. Fue Carlos Andrés quien me presentó al gran Italo Calvino y me llevó prematuramente a la fresca y muy contemporánea narrativa de Andrés Caicedo, tan de moda por estos días.


Leer es fácil, en cambio escribir bien, es duro. Sin embargo, la fórmula está en 3 cosas sencillas: querer, ser honesto al hacerlo y ver la vida con intensidad consciente. Las dos primeras pueden alcanzarse con esfuerzo, la tercera se lleva en el ADN. González le suma a las tres su viejo idilio con las letras.

Autor:
Samuel Chalela
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
Contactar al periodista
Su voto: Ninguno (8 votos)
Otras columnas
Publicidad
Comentarios
Agregar comentario
Comente con Facebook
Agregar comentario
Comente con Vanguardia
Comente con Facebook
Agregar comentario
Vanguardia Liberal no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios que aquí se publican son responsabilidad del usuario que los ha escrito. Vanguardia Liberal se reserva el derecho de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje soez, que ataquen a otras personas o sean publicidad de cualquier tipo.
Publicidad
Publicidad
Publicidad