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Viernes 06 de Enero de 2012 - 12:01 AM

Mi estrato, su estrato

Columnista: Samuel Chalela

Se desdibujan en los escritorios académicos los esfuerzos de la sociología por entender las estructuras y fenómenos de la comunidad, cuando la arrogancia de la ley y la métrica insípida de la economía comandan la burocracia institucional. Mejor dicho, los burócratas solo piensan en cifras y en regulación mientras los objetivos superiores naufragan o se salen de ruta.


La estratificación social, nacida como una estrategia de administración urbana para impulsar equidad en la prestación de servicios públicos y, en general, aplicar justicia distributiva, está teniendo al cabo de los años un efecto perverso en el inconsciente colectivo de estas generaciones del "estrato", que empiezan a verse como parte de castas, más que de una sola nación. Clasificar, excluir y discriminar en función de los ingresos, está siendo la ley de supervivencia del colombiano. Y es porque crear, aprender, fundar o vencer (así sea en la guerra, como en la época en que la milicia daba el honor), son verbos del pasado. Tener y parecer, fueron los verdugos de ser. Ese era el peor de los efectos que la estratificación podría ocasionar en una sociedad desigual y excluyente como la colombiana. Suficiente como para haber intentado ya y con urgencia otra herramienta de equidad fiscal y de acceso a los servicios públicos.


Los carros tienen estrato, los nombres de los niños y la ropa. Los supermercados a los que van las viejas enriquecidas por obra y gracia del marrano que cazaron (y casaron) son estrato 6, mientras las mujeres profesionales y, tal vez, cabezas de familia, buscan ahorrar en la inigualable plaza de mercado. Lo peor: los colegios públicos son "de quinta" (o sea de estrato 3 para abajo) y los privados alimentan la idea de la emigración y sueñan en inglés (miamesco para peor descalabro). La educación, por consiguiente, es de calidad selectiva, con lo que se profundiza la desigualdad. Los adolescentes ven todo con el lente del estrato y, entonces establecen relaciones de 6 distintas categorías como en la antigua sociedad india, desde la indiferencia (con los del 1) hasta la reverencia (con los del 6 –que se subcategoriza hasta 17), pasando por el desprecio (con los del 2), mezquindad y burla (con los del 3) y recelo y exclusión (con los del 4 y 5 - los potenciales rivales). Estamos, para usar un término estrato 6, descontruyendo sociedad.

Autor:
Samuel Chalela
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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