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Viernes 13 de Enero de 2012 - 12:01 AM

Estamos como somos

Columnista: Samuel Chalela

Los hilos del poder se manejan entre dos fuerzas: la de la administración, conformada por tecnócratas y ejecutivos que diagnostican, presupuestan y ponen en marcha herramientas de gobierno; y la de la política, que traza los objetivos superiores, define el modelo de sociedad deseada y custodia los valores fundamentales del colectivo.


Es en las decisiones políticas donde se insertan la crisis de identidad social los efectos de una comunidad corroída por la violencia, la corrupción y el manejo personalista del poder. La corrupción puede minar lo administrativo, pero una justicia eficiente y rápida va purgando la podredumbre; en cambio en lo político, donde debe supuestamente ejercerse el liderazgo común, encarnarse los valores colectivos, es muy difícil extirpar el cáncer social sin un verdadero cambio que surja de la misma base. Las contralorías, las procuradurías, la justicia misma, mucho pueden hacer en el saneamiento de lo administrativo, pero poco o nada en la rectificación de la identidad y los valores comunes superiores. Cualquiera que no sea corrupto y trabaje duro puede tensar la cuerda de lo administrativo, pero solamente un líder, un estadista –sin populismos, ni mesianismos, ni intereses personalistas-, tiene la visión y la superioridad para tomar la rienda de lo político y encausar el rumbo hacia una sociedad justa, igualitaria y cohesionada.


Que la primera página del periódico hable de un ex alto militar -el general Montoya- investigado por vinculaciones con los paramilitares y crímenes en las barriadas de Medellín, de la acusación al ex secretario general de la Presidencia –Moreno- de participar en persecución a los magistrados y de incurrir en actos ilegales de influencia para lograr la aprobación de la reelección de Uribe e, incluso, de simples patrulleros de la policía que abusan de una vendedora ambulante y su hijo para fabricarle una incriminación por tráfico de estupefacientes, no pone en evidencia meros desbarajustes administrativos del Estado (no son casos aislados, además); estos temas y la impavidez de la sociedad con ellos, generan un serio cuestionamiento a los principios fundacionales de nuestra comunidad, a la moral social. ¿Fines logrados sin importar los medios?, ¿autoridad por encima del Derecho?, ¿exclusión y privilegios para lograr el bienestar de algunos? Eso es lo que somos? Entonces por eso estamos como estamos. Como diría alguien, la economía estará bien, pero el país y la sociedad están muy mal.

Autor:
Samuel Chalela
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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