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Viernes 27 de Enero de 2012 - 12:01 AM

Cambio de vecindario

Columnista: Samuel Chalela

Quizás sé más de la gente que tengo en Facebook que de mis vecinos del edificio. Al contrario, supongo que los del edificio saben más de mí que lo que saben mis amigos de Facebook. Ese es el quid del asunto: Facebook es como vivir  con la ventana abierta. Los “calentanos” solo cerramos la cortina para vestirnos después de bañarnos y punto, el resto del día vemos y dejamos ver. En cambio los cachacos no abren la ventana ni para fumar, y si la abren nunca se miran.

El muro del vecindario de Facebook –que es como el parque del pueblo- tiene los personajes clásicos. Está la que publica todo el día rezos y frases de superación, que equivale a esa vecina ayudante del cura a la que hay que esquivar  en el barrio no sea que le ensarte a uno un discurso sobre la Legión de María o una endiablada invitación a las jornadas de oración. Está el que cuelga anuncios de venta de carros, celulares y cualquier otra porquería, que es como el vecino varado que los ronda a todos para venderles ropa que trajo de Panamá, a la semana siguiente para enchufarles Herbalife y dos días después para acosarlos con alguna pirámide de venta por catálogo. Y qué tal el que dice cada segundo donde está,  como poseído por una especie de delirio de GPS; una versión virtual del loquito del pueblo que se creía taxi e iba gritando los sitios por los que pasaba. Y también está el que olvida que Facebook es una red “social” y no un club profesional, y cuenta a cada instante las novedades de su oficio, que suele ser tan poco interesante para el resto como la contaduría pública o la filatelia. Y no falta la “cuchibarbie” desesperada por pescar un bagre bigotudo, la que profesionalmente se ocupa de la vida de otros y el que simplemente “wanna-be”.

Tal vez lo que aburre de Facebook es el muro, es decir la plaza pública. En cambio Twitter es como una casa calentana: puerta abierta, pero solo para el que es bienvenido. Lo bueno de esto es que se pueden tener varios domicilios; por eso, como hacen los cachacos que se compran un apartamentico en la costa para veranear, voy a abrirme una cuenta en Twitter, ahí nos vemos.

Autor:
Samuel Chalela
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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