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Viernes 09 de Marzo de 2012 - 12:01 AM

El chalán del trino

Columnista: Samuel Chalela

Dudo que el expresidente Uribe ya tenga chance de pasar a la historia con la imagen del refundador de la patria que quiere edificar para sí mismo desde hace 9 años –la sociedad colombiana es ahora tan convulsa como antes, se debate entre Bacrim, paracos y guerrilla, es más desigual que siempre, más primitiva en pensamiento e infraestructura y, sobre todo, la tal “Patria” es mucho más boba cada día-. También dudo que se le reserve en la memoria nacional el lugar de un expresidente corrupto o líder de una banda criminal de Estado –no sube tanto la espuma de la incriminación ni los alcances de un sistema judicial tan endeble-.


Lo que sí está logrando Uribe –nunca resignado a su condición de ex – es forjar en fuego y bronce su estampa de twitero audaz y abogado precipitoso. Digno candidato a una estatua ecuestre que muestre al temperamental hijo de la montaña antioqueña, cabalgando, fusta en mano, sobre la “t” que identifica a la red social que le sirve de desahogo y sosteniendo en la otra mano, ya no el pocillo de tinto, sino una probeta con la alquimia milagrosa entre la ideología oscura de José Obdulio y algunos de sus exóticos delirios jurídicos.


Desde su respaldo a la teoría del “articulito” como estrategia reduccionista para auspiciar la primera reelección”, pasando por sus insólitas divagaciones sobre el asilo político de María del Pilar Hurtado, su atemporal concepción de la “razón de Estado” y, ahora, la idea de que la acusación a algunos de sus ex funcionario por el ofrecimiento de prebendas a Yidis Medina para obtener su voto a favor de la reelección, se traduce en la pretensión, maliciosa tal vez a los ojos del twitero avezado, equivale a judicializar la vieja costumbre de canjear “votos por puestos”, nos deja claro que el “Estado de Derecho” del ex mandatario es un engendro acomodaticio que, en todo caso, no corresponde al que enseñan en las facultades de jurisprudencia. Su visión de la antijuricidad de una conducta lo lleva a preguntarse, ¿por qué se acusa a un funcionario por cohecho, si éste pertenecía al gobierno de la meritocracia…?; si algún día logro entender lo que tiene que ver una cosa con otra, podré saber también porqué el portero de mi edificio se enfurece con el gobierno cada vez que pierde Santafé.

Autor:
Samuel Chalela
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