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Viernes 30 de Marzo de 2012 - 12:01 AM

La parábola del “raponero”

Columnista: Samuel Chalela

Llegó la hora de derribar de una patada el reduccionista preconcepto de que la seguridad ciudadana se consigue solo con medidas policivas –como todo paradigma mental, éste bloquea el análisis racional de cualquier política criminal-.


Sacando del debate al crimen organizado (necesariamente ligado a estrategias internacionales), la delincuencia callejera está siempre signada por propuestas de mayor represión (requisas, aumento de penas, policías y jueces severos, etc.), en las que los jóvenes quedan en el foco. Es tan ingenua y demagógica esa perspectiva; no nace del deseo de solucionar el problema, sino del de obtener victorias populistas para llenar titulares de prensa semanales (“redada en barrio tal”, “capturados dos adolescentes armados”, “desintegrada banda de atracadores del parque tal”, etc). ¿Y después qué?;  más población carcelaria, violaciones a los derechos humanos, exclusión irrevertible y, tristemente, la misma o más inseguridad –no lo digo yo, lo dicen las cifras en Latinoamérica entera-.  Los políticos insulsos siguen poniendo en automático la fórmula simplona: a mayor delincuencia callejera, mayor acción de la fuerza pública, y ya.


¿Qué puede esperarse de una sociedad en la que los jóvenes (los marginados principalmente, pero todos en general) nunca han tenido una favorable interacción con el Estado? La institucionalidad persigue, abusa y, sobre todo, defrauda y excluye. ¿Qué les da?  


Países como Venezuela (desde los años 70, aún antes de Chávez, para que no se caiga en la precariedad del populismo) y Brasil, han hecho ensayos alternativos exitosos. “El Sistema”, una idea del venezolano José Antonio Abreu que promueve la acción social juvenil a través de la música, no solo ha formado prodigios como Gustavo Dudamel, sino que ha dado un giro hacia el arte en la vida de cientos de miles de adolescentes de oscuro porvenir. El modelo “escuela abierta” que comenzó en Brasil y es promovido por la UNESCO, consistente en abrir las aulas escolares los fines de semana para actividades lúdicas, culturales, deportivas y artísticas, arrojó sorprendentes e inmediatos resultados en reducción de criminalidad, lo que hizo que se replicase la iniciativa en otros países.    


En Colombia, ¿quién piensa en eso?, ¿quién en política criminal cotidiana?; ¿la Fiscalía, la Procuraduría, el Minjusticia, las alcaldías? No; mientras no pasemos de la arrogante idea de “caridad”, a la de asistencia pública y derecho al bienestar básico, repetiremos cíclicamente los fracasos de la simple Policía represiva.

Autor:
Samuel Chalela
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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