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Viernes 27 de Abril de 2012 - 12:01 AM

Santos me traicionó

Columnista: Samuel Chalela

Tengo que reconocerlo, no aguanto más la autocensura, después de casi dos años de no emitir ninguna opinión del gobierno, lo tengo que decir: este Santos me defraudó. ¿Por qué no se quedó en el discurso fácil de “los tres huevitos”? Eso me habría permitido estar inconforme y escéptico. ¿Para qué le agrega al manejo responsable de la economía y al fortalecimiento de la inversión privada, medidas de reestructuración social (como la ley de tierras), proyectos de  infraestructura y medidas de asistencia pública para la ruptura sostenible de la desigualdad? Si con un par de “enverracadas” histéricas con Chávez (de esas que les encantan a los colombianos que oyen rancheras, le pegan a la mujer y son hinchas del Medellín), dos capturas efectistas de guerrilleros, y un par de licencias ambientales mineras a empresas aportantes de buena voluntad,  habría obtenido hasta dos reelecciones. Éramos tan felices cuando todo se hacía tan fácil, no bajábamos del 75% de popularidad.  No, Santos no me defraudó, me traicionó.


La perorata vacía que apela al nacionalismo -al “patrioterismo”- un consejo comunal televisado semanal, concentración de poder, manoseo de la ley, caudillismo y mentiras, eso sí es populismo (de derecha o de izquierda, no tiene ideología); un aparente bienestar que es insostenible, como a la postre resultó. Medidas asistenciales, en cambio, en un país tan desigual, por sí solas no son populismo sino gobierno responsable; ¿o es que con solo mejorar la economía vamos a salir del subdesarrollo?; ¿y la gente qué?


La Colombia de hoy es más real, luchando contra la inseguridad sin mentiras populistas –caído el engaño que intentamos creer en 8 años de que solo el fortalecimiento de la fuerza pública y la represión desvirtuarían la violencia-. No cerramos los ojos: hay buenos resultados económicos, pero sigue habiendo gente muy pobre por la que hay que luchar; hay inversión extranjera, pero hay recursos naturales por proteger.  Y en esta era, estamos recuperando la institucionalidad, nos guste o no lo que digan los jueces; si los hay, habrá democracia y habrá quién nos proteja hasta de un traidor; Santos lo sabe y parece respetar el Estado de Derecho. Además la diplomacia colombiana resucitó para sepultar –ojalá para siempre- el estilo campechano mafioso.

¡Cachaco traidor! Ahora solo falta que no soborne a nadie para perpetuarse y que siga rodeándose de gente capaz.     

Autor:
Samuel Chalela
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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