Publicado por: Santiago Gomez
Así como en el fútbol los ánimos de los aficionados cambian de semana a semana, en política el rumbo de las percepciones y expectativas se modifica sustancialmente con muy poco.
Ni el Barcelona era la semana pasada tan malo como predicaban con preocupación los aficionados ‘culés’, ni hoy, luego de ganarle al Milán, son tan buenos como hace un par de años. Muchos aprovecharon las dos derrotas con el Madrid para salir a anunciar la crisis. Una avalancha mediática negativa promovida por sus rivales blancos, que están hoy 13 puntos por debajo en la Liga, que también avanzaron a cuartos de final de la Champions, pero marcando un gol menos que los liderados por Messi.
En política suceden cosas similares. El presidente Santos enfrenta desde hace un par de meses una de las etapas más complejas de su mandato y los opositores aparecen oportunistas para sacar el mejor provecho electoral de unas falencias evidentes en la ya no tan aceitada Unidad Nacional.
El paro cafetero al que se unieron luego otros gremios, sumado a las crisis de las consejerías presidenciales y a un apretado panorama legislativo con las reformas pensionales y a la salud, representaron serios obstáculos al afán de mejorar en las encuestas de cara a una eventual, no anunciada pero prevista, reelección.
Sin embargo, el panorama puede cambiar drásticamente con la sola demostración de resultados favorables en las mesas de La Habana y esa es la carta bajo la manga del presidente Santos. No importa cuántos partidos seguidos pierda el gobierno frente a sus opositores en lo que queda de año, si logra firmar algo medianamente concreto en Cuba de cara a la finalización del conflicto armado, así como si el Barcelona gana la Liga y supera al Madrid en la Champions, todos olvidaremos la supuesta crisis y nos sentiremos eufóricos.
Así somos. Pero el análisis de los vaivenes políticos en un país tan complejo como Colombia requiere un poco más de mesura, un poco menos de sensibilidad a la coyuntura y mucho más análisis histórico estructural.









