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Viernes 28 de Julio de 2017 - 12:01 AM

Cambio extremo

Columnista: Santiago Gomez

El partido del coscorrón sigue dando de qué hablar por sus salidas en falso. Esta vez, la senadora tolimense Rosmery Martínez condecoró a Norberto, el peluquero de las reinas y la clase alta bogotanísima, “por su contribución a la belleza, por haber generado empleo y tributado juiciosamente durante tantos años”, como si eso no fuera una obligación legal, sino un favor que el condecorado hace al Estado.

Rosmery Martínez alcanzó a ser codirectora de Cambio Radical y en sus 15 años de actividad legislativa ha producido leyes para que la nación se vincule a la celebración de 50 años de la Diócesis de su ciudad natal, Espinal, y la creación de una estampilla para el Instituto Tolimense de Formación Técnica Profesional. Intentó mediante ley condecorar a sus copartidarios Vargas Lleras y Luis Felipe Henao. Defendió vehementemente a Saúl Cruz luego de que agrediera al camarógrafo de Noticias 1 y es hermana de un expresidente de la Cámara que perdió su curul por malos manejos de recursos públicos antes de ser encarcelado por el escándalo de la parapolítica.

Norberto no tiene la culpa, pero hubiera sido más elegante rechazar la condecoración como Caballero –que no Cabellero- del Congreso. Los culpables de este despropósito democrático son, en primer lugar los senadores que asumen que la labor para la que fueron elegidos es esa, en cabeza obviamente de la cuestionada tolimense, pero también y en gran medida, de los 50.320 incautos que depositaron en 2014 su voto en favor de Martínez.

Colombia tiene dos opciones: o seguir votando personajillos que asumen que su papel en el legislativo es condecorar amigos o jefes para luego cobrar favores en contratos o shampoo, o empezar a votar de manera inteligente: conociendo lo que han hecho lo que aspiran llegar al Congreso y sobreponiendo el interés general al particular.

Cambio Radical debería cambiar su nombre a Cambio Extremo, para honrar sus recientes preocupaciones legislativas y legitimar al menos nominalmente la feria de avales que ha venido minando su credibilidad en los últimos años. No sigan creyendo en estos bufones de la democracia.

Autor:
Santiago Gomez
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