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Viernes 04 de Agosto de 2017 - 12:01 AM

Cinismo

Columnista: Santiago Gomez

Es cínico quien miente con descaro. Y en ese sentido no hay nada más parecido, así como también en sus estrategias políticas, que Uribe y el binomio Chávez/Maduro. Los dos extremos de la polarización política latinoamericana se acercan en sus modos y sus discursos, mas no en sus convicciones de fondo, que se separan cada día más.

Maduro –hay algo literario en que ese sea el apellido de un presidente en lo que antes se llamaban repúblicas bananeras- sacó adelante a sangre y fuego su Asamblea Constituyente, con discursos en los que la mentira y la puesta en escena de una realidad falsificada lograron convencer a los incautos que se benefician económicamente de sus decisiones políticas.

Uribe, mucho más inteligente que su colega, eso sí, se empeña –a pesar de que por primera vez en la historia se haya publicado una encuesta donde más de la mitad de los colombianos tienen una imagen desfavorable suya- en venderle a otros incautos el cuento de que cada vez nos vamos pareciendo más a nuestros vecinos. Los extremos sembrando terror a partir de la dialéctica de la posverdad.

Mientras la izquierda colombiana decide callarse ante las arbitrariedades de su guía espiritual al oriente de la frontera, materializadas de manera inmisericorde con las detenciones de Ledezma y López, la derecha recalcitrante de este país sigue generando terror con un discurso populista que pretende seguir dándole forma a su Frankenstein del castro-chavismo mientras ataca a la prensa para no correr el riesgo de quedarse sin enemigos. Pero afortunadamente la realidad del país no obedece a ninguna de estas dos tendencias de extremos políticos, a las que solo les queda recurrir al miedo de sus electores: en Colombia hay 9 departamentos considerados zonas rojas hace 10 años en los que desde 2006 se han disminuido en al menos un 99% los homicidios derivados del conflicto armado.

La realidad no es la que describen con cinismo esos dos discursos fundamentalistas. Colombia hoy no es la de 2002 y la Venezuela de 2017 está hoy mucho más lejos de Colombia que en ese entonces.

Autor:
Santiago Gomez
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