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Viernes 18 de Agosto de 2017 - 12:01 AM

Apague y vámonos

Columnista: Santiago Gomez

Hoy hace 28 años mataron a Galán. Y esta semana hace 18 a Jaime Garzón. Hoy el país es otro, para también es cierto que sin ellos bien podría ser mejor aún. Y justo por estos días se destapó un nuevo escándalo de corrupción en el poder judicial, que aparenta con salpicar a más de los que hasta ahora se han visto involucrados. Otra de las paradojas macondianas de este país de cafres. Justo cuando dos referentes de rectitud y valiente criticismo frente a los carruseles y carteles podridos de la corrupción cumplen sus aniversarios de ser asesinados por quienes hoy se convierten en referentes de moral y defensa de los derechos humanos en redes sociales y manifestaciones políticas, se destapa una nueva olla podrida en donde menos podridos deberíamos estar: la administración de justicia.

Apague y vámonos. El verdadero problema de Colombia no son ni el castrochavismo ni el trumpuribismo, sino la naturalización grosera e hipócrita que hicimos en este país de los torcidos a conveniencia. Si quienes deben impartir justicia roban, no se puede esperar que haya justicia para los que no roban. Esa naturalización disfrazada de conveniencia nos convierte en un país conformado por individuos que justifican la trampa y la corruptela si con ella se benefician. Se estarán revolcando en sus tumbas Galán y Garzón, mientras Popeye y una serie multipartidista de políticos se roban al Estado desde el Ejecutivo acolitados por unos jueces que también embadurnaron sus manos de porquería. Un conocido, permanente y ciego detractor uribista de Santos, quién según él es mentiroso, malo, administrador de mermelada y comprador de conciencias angelicales para convertirlas en perversas mentes del delito, me confesó que viajaría a Bogotá a aplicar a un subsidio gubernamental para favorecer su pequeño negocio. La corrupción se enquistó en nuestro ADN de la mano de la inconsecuencia cobarde del necesitado moral, apoyándose en los escurridizos y difuminados límites entre lo que se justifica para lograr los objetivos propios y lo que se requiere para apoyar el cumplimiento de los ajenos.

Autor:
Santiago Gomez
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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