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Viernes 24 de Noviembre de 2017 - 12:01 AM

La democracia enredada

Columnista: Santiago Gomez

Twitter ha acercado el ejercicio de lo político a una cantidad de electores, pero también ha permitido el debate soportado en verdades no constatables, mientras aligera el ejercicio crítico de la comunicación política en el ámbito público.

Twitter favoreció la vinculación de organismos sociales a la escena política poniendo a nuestra disposición opciones de información en escenarios multiespaciales y multitemporales, distribuyendo el poder de la información y la información del poder, desplazándola hacia los ciudadanos conectados, promoviendo un modelo de participación cada vez más horizontal e incluyente. Hizo cotidiano lo político; lo reintegró a la cultura popular, en una sociedad tradicionalmente apática y abstencionista.

Pero más allá de las bondades de esta plataforma, la hiperconexión, la falta de intermediación y la viralidad de los contenidos, Twitter exige que el usuario asuma nuevas responsabilidades democráticas y ciudadanas para evitar efectos no deseados. Se necesita imperativamente una nueva ética de la responsabilidad, consecuente con esta nueva democracia enredada.

Pero esta nueva ética debe estructurarse a partir del reconocimiento de que la sociedad es la que modela Internet y no al contrario. El sistema, la herramienta, el medio, no son en sí mismos irresponsables. Lo que determina y potencia las bondades de los efectos generados por esta nueva dinámica comunicativa es el uso que se dé a ella. Los emisores que manipulan y los receptores que creen sin constatar, pervierten las herramientas y abonan el terreno para la mentira.

El debate político perdió profundidad y ganó inmediatez.Por eso es urgente construir una ética cotidiana que termine haciéndonos responsables, no solo de lo que decimos, escribimos, trinamos, sino de las variadísimas interpretaciones que de ello se hagan y, por otra, una ética que nos haga adoptar posiciones críticas frente a la información que recibimos.

Esta campaña traerá una oleada de noticias falsas, construidas en torno a las necesidades electorales de cada candidato. Por eso, para votar bien habrá que ser críticos. Si la democracia se reduce a un “meme”, terminaremos gobernados por un mamarracho.

Autor:
Santiago Gomez
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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