Viernes 15 de Diciembre de 2017 - 12:01 AM

Sordera divina

Columnista: Santiago Gomez

Que la gente profese la religión que quiera y se comunique con su Dios de la manera que lo estime, siempre y cuando eso no le haga incumplir las leyes.

El Código de Policía establece que es deber de todos favorecer la convivencia, autorregulando comportamientos que pueden afectarla. Por ello, en su artículo 31 reivindica el derecho a la tranquilidad como esencial para la convivencia pacífica y en el 33 establece que perturbar con actividades ruidosas a un vecindario acarrea la intervención policial, la desactivación de la fuente de sonido, la imposición de una multa de 16 salarios mínimos y la disolución inmediata de la actividad.

Por más que busqué, no encontré la excepción en el Código de Tránsito en la que se establece que si uno está rezando puede dejar estacionado el carro en la calle obstruyendo el tráfico. La época del oscurantismo según el cual quien reza y peca empata terminó hace mucho tiempo. Los cepos no se pagan con avemarías. La justicia no solo es para los de ruana, también debe ser para los de sotana. Ya bastantes beneficios tienen con poder participar en política y no pagar impuestos.

Seguro estaba distraído cuando enseñaron que Dios era sordo, pero sí recuerdo que siempre me pidieron estar en silencio en la iglesia. La libertad propia se extiende hasta donde llega la de los demás, también me dijeron muchas veces. ¿Qué pasaría si yo en mi apartamento prendiera unos parlantes a todo volumen, por encima de los decibeles permitidos como lo hacen en la Iglesia San Pío casi todos los días, justo en frente de un CAI? ¿Qué pasaría si yo, como se les ocurrió a algunos feligreses irrespetuosos con la complicidad del párroco de esa misma iglesia, hubiera llevado mariachis para cantar Cielito Lindo y homenajear así a la Virgen de Guadalupe el pasado martes a las cinco de la mañana?

El mundo al revés: no se puede masticar chicle o cruzar las piernas en la iglesia, pero interrumpir el descanso de los vecinos, violando flagrantemente la ley, no es de Dios.

Autor:
Santiago Gomez
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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