Viernes 02 de Febrero de 2018 - 12:01 AM

Otros #MeToo

Columnista: Santiago Gomez

Sigue abierto el debate de la denuncia parcial de Claudia Morales y los efectos que pueda tener en su proceso individual de sanación, los que tenga en el sentido de estimular denuncias similares (ya una reina acusó a “algún” concejal de Cartagena de ofrecerle la corona a cambio de sexo) y los efectos sobre la campaña política en la medida en que todo lo mediático que se diga durante los próximos meses en un país como este podrá ser usado como de hecho se está usando, como estrategia para poner o quitar votos.

Por eso, porque el debate sigue abierto y está lejos de cerrarse, pongo sobre la mesa otra modalidad de maltrato que se mueve en los linderos de lo sexual y es mucho más común de lo que se cree o reconoce: la misoginia.

La cosificación del cuerpo femenino; el puritanismo selectivo ajustado con connotaciones de género; el uso de violencia soportada en ideales de una sociedad machista; la marginación intencional y sin argumentos estructurados y lógicos, de manera total o parcial, de la figura femenina (o de las ideas provenientes de mujeres) en los ambientes laborales; el uso de un autoritarismo barato y simplón en contra de mujeres con poder o sin él, que en última instancia se refleja en el rechazo consciente o inconsciente de su natural e imprescindible liderazgo; la discriminación de los gustos femeninos relacionándolos con una inferioridad inexistente que las relaciona, como si estuviéramos en el siglo XVIII, con el hogar.

Conductas como estas, dicen estudios serios, son más frecuentes que lo que se ha evidenciado por los medios de comunicación y por la academia. El temor a denunciar, de manera completa o a medias, el temor a señalar poniendo en riesgo una estabilidad laboral –llena de injusticias, maltratos y abusos verbales- hace que se siga reproduciendo una sociedad machista que aísla, reprime y maltrata a mujeres valiosas que están dispuestas a sacrificar muchas cosas por ser reconocidas como sus compañeros de trabajo, en igualdad de condiciones.

Se nos están quedando muchos #MeToo en el tintero.

Autor:
Santiago Gomez
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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