Lunes 22 de Diciembre de 2014
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Sergio Rangel
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Domingo 23 de Diciembre de 2012 - 12:01 AM

A caballo

Autor: Sergio Rangel

¿Qué comían los que vivieron siempre a caballo? Es una pregunta que se hacen los historiadores ya que en la época de los viajes en cerriles alimañas no existían las comidas rápidas. Don Quijote era de poco comer, es decir la frugalidad era su virtud. Sancho en cambio era glotón en demasía. Nunca dejaba pasar la hora acostumbrada para el yantar. Siempre llevaba en las alforjas provisiones para el camino y convidaba a su señor para que desmontara y a la sombra de frondosos árboles rebanaba jamones de cerdo o cordero o las deliciosas codornices estofadas de las que era ducho en preparar, almibarando el paladar con alicorados vinos dulces de la Rioja. Don Quijote tenía la mente entretenida en asuntos de mayor importancia como lo era enderezar entuertos y galantear mesoneras. En sus investigaciones sobre las delicias del comer Francisco Romero Otero, en su libro Apuntes Históricos Gastronómicos nos cuenta éstas y otras historias de los notables y el cabalgar comiendo. De Napoleón que crió un formidable callo en las posaderas y que recorrió el mundo a caballo dando batalla cuentan que no desmontaba y su cocinero debía improvisar sobre la marcha. No tenían muchas provisiones y el pinche fue al solar de un campesino y obtuvo una gallina pescuecipelada bastante vieja y la cocinó, estando el fogón en la vanguardia del ejercito y cuando la retaguardia lo dejaba atrás, con el sudado de gallina voló al anca del caballo de Napoleón para darle al pasitrote cucharadas de caldo y trozos de rabadilla, ese plato es el que hoy se conoce en los restaurantes franceses como Poule a la Marengo. Y Bolívar, mientras recorría las escalofriantes gargantas de los Andes o galopaba en la llanura tras Boves, no tuvo tiempo de darle una buena dentellada a algún pernil de cerdo. Perú de La Croix que lo vio bañarse desnudo en una tina lo describe muy blanco en contraste con su rostro y brazos bastante morenos, muy delgado, es decir desnutrido. Bolívar mismo le contó a sus oficiales en Bucaramanga, en uno de sus escasos almuerzos reposados, que antes de la batalla de Ibarra almorzó de prisa teniendo delante al enemigo y que sin haberlo ordenado su cocinero le trajo un vino amaderado del que bebió contra su costumbre varias copas que lo hicieron cambiar la estrategia del combate el que le fue favorable por la alegría que le produjo el vino. Ustedes que pueden cenar en casa tranquilos y galopan en pelo no olviden un Vino tinto Perú de la Croix.

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