Martes 29 de Julio de 2014
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Sergio Rangel
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Domingo 17 de Febrero de 2013 - 12:01 AM

A la cacería de tinajos

Autor: Sergio Rangel

La escopeta que portaba era una Bernardelli calibre 12 de un solo cañón. Era un arma que consideraban los expertos como la mejor arma de cacería y su costo también estaba por encima de las demás de ese tipo. Con unos amigos organizamos una partida de caza como era la costumbre cada mes. Mi padre tenía una finca por la región de Marta, que cruzaba el Rio Sucio, húmeda y selvática la hacía un paraíso para la cacería y podría decir que se cruzaba uno con toda clase de animales como se cruzaba uno con gente en una calle. Era de usanza llevar perros así no fueran Koker o finos Bramadores sino pulguientos chandosos que se aburrían en la cacería y preferían dormir debajo de los arboles en donde uno se los topaba.  Esa herencia hispana de cazadores en América fue un cruel deporte como tantos otros, pues los indígenas cazaban por necesidad. Y yo la heredé de uno de mis tíos Carlos Rangel Pinzón, médico que estudió en Suiza y que a su regreso con sus escopetas que trajo de Europa organizó al día siguiente en Oiba en las montañas de Corbaraque una cacería de Picures. Pues bien, en ese día de la escopeta Bernardelli, mientras recogíamos los perros y armábamos en una vara el transporte de un tinajo que habíamos cazado, dejé olvidada como un buen tonto la escopeta que creí otro la llevaba. Regresamos unas horas más tarde y jamás la encontramos. Para mi fortuna y la de  los inocentes animales de la selva, a partir de ese momento jamás volví a cacería. No se qué sucedió, pero fue como si se me hubiese caído un velo de los ojos, algo igual a mi afición por la corrida de toros de la que solo me quedan los alegres pasodobles. De la cacería queda el olor a pólvora como un presagio de tragedia, que se ha ido desvaneciendo con la obsesión por la siembra de árboles y de ver la presencia de animales que han venido repoblando las montañas en Zapatoca.

Con la historiadora Carmen Pinilla iniciamos  hace unos años la campaña contra las partidas de cazadores que todas las semanas armaban excursiones a matar todo lo que se movía en las lomas deforestadas, ni los colibríes se les escapaban. El Canal Regional de TV nos colaboró y publicó las acciones penales para quienes atentaran contra la flora y la fauna. Se asustaron no volvieron. Ojalá pronto tengamos en la Serranía de San Pablo tigres, jaguares y no estamos lejanos. En esa zona la fundación Proaves compró 2 mil hectáreas de breñas con el Rio Chicamocha para proteger cierta especie de Cucarachero. El hombre tiene eso de maravilloso, así como la crueldad es parte de su génesis, la bondad es su antítesis.

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