Publicado por: Sergio Rangel
La vida parece ser una serie de coluviones. Hoy pisamos suelo firme y mañana nos deslizamos por una pendiente incontrolada. En Santander nos sucede por tercos o por ingenuos. Esas tierras que nos preocupan, el gran coluvión que amenaza el paso hacia Barrancabermeja, fueron algunas de Álvaro Uribe Rueda, el “Condesito” y de Carmelo Mantilla. Ellos las consintieron y le dejaron árboles, orejos, rayos, calapos, móncoros, etcétera. Debajo pastaban sus vacas. Llegaron otros dueños, deforestaron creyendo tener más pastura y se fue preparando la debacle. Los ingenieros, que no creen que la tierra es un organismo vivo y que cuando se le lesiona es capaz de arrasar con todos los cálculos y cimientos reforzados, pasaron sus maquinas sin antes prever que en una tierra maltratada se debía primero aquerenciarla, taparle sus calvas, devolverle su cobertura, en este caso sembrar eucaliptos de gran raíz pivotante, que se ancla a profundidades superiores a 30 metros y de gran capacidad de absorción de aguas, concertando con los dueños.
De alguna manera pasaremos de un lado a otro. En eso si no nos gana nadie a los santandereanos, a pata limpia, entre los barrizales, que nos tapen los coluviones, no nos importa el costo, nosotros somos unos arrechos. A pesar de lo arrechos que somos, aquí si hay que hacer una pregunta: ¿qué nos queda de la represa de Isagén sobre el Río Sogamoso? Los más optimistas (ingenuos) decimos que paisaje y turismo. ¿Y de lo demás qué? ¿De los 800 megavatios? Recordemos que Isagén tiene autorización del Consejo de Estado para vender la represa. Y que los únicos compradores pueden ser los españoles socios mayoritarios de Empresas Públicas de Medellín. Recordemos también que como la energía eléctrica no genera regalías, solamente recursos del IVA que van al Gobierno central, y allí se reparten al antojo de quien esté en el poder. A los arrechos de Santander no nos toca nada. ¿Qué hacer entonces? Por iniciativa del Gobernador se puede presentar a la Asamblea un proyecto de ordenanza para crear la Corporación de Río Sogamoso y poder chapalear en las aguas del Sogamoso, que es nuestro río, poder exigir, bien en compensación a sus uso, rebajas de tarifas o dineros para preservación de su cuenca, que sé yo. A algo que evite quedarnos mirando las nubes y lamentándonos de los coluviones.









