Jueves 24 de Abril de 2014
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Sergio Rangel
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Domingo 12 de Mayo de 2013 - 12:01 AM

JMario Arbelaez en El Solar

Autor: Sergio Rangel

De hace tiempos tengo una gran amistad con el Poeta J Mario Arbelaez igual a la que García Márquez tenía con Hemingway en Cuba. El escritor Norte Americano iba por el andén y García Márquez desde el otro le gritaba, !maestro¡ el gringo contestaba !hola ¡Así de estrecha era la mía con el poeta JMario en Bogotá. Con el agravante de que como no lo había visto sino en fotografía de periódicos, tal vez yo saludaba a quien no era. Después de tantos años de no verlo sino leerlo, supe que mi amigo el sobreviviente del Nadaismo dictaría una “charla” en El Solar, el santuario de los artistas, obra de Alfredo Ortiz, cuya antigua sede en el Barrio Modelo era más emocionante pues era como ir a teatro, ver pintura, recitales, músicos, bailar chachachá en el Amazonas, entre arboles con mesitas dispuestas estratégicamente para un galanteo clandestino, luces atenuadas y olores lejanos de canabis. Bueno pero ese es otro cuento. Fui al nuevo Solar. Una Casa de teja, tapia pisada, remodelada con buen gusto. Allí estaba Pablus Gallinazo, con Tita su mujer, y un centenar de personas ansiosas de oír al poeta. Para no decirle truculento, como le dice uno de sus editores, JMario es un mago de la palabra hablada y escrita. Comenzó contando que para su fortuna desde que nació el Nadaismo hoy todos los que lo perseguían para encarcelarlo están presos. Su pecado de haber escrito con Helmo Valencia el libro Rojas Pinilla, se absuelve con lo escrito por Eduardo Escobar alabando a Uribe. Confiesa que aspiró a ser el primer tinieblo de la Nación cuando acompañó y le ayudó furiosamente en la campaña a la presidencia a Nohemí Sanín. Como el morbo siempre aflora cuando se habla de mujeres, en la sala ellas querían saber si Jotamario era o no. Entonces contó una anécdota de cuando fue a recibir el Premio de Las Américas. Caminaba yo, dijo, con una bella muchacha por una Alameda en la Habana. Curiosa como todas y deseosa de saber qué terreno pisan, le preguntó, Maestro usted todavía Nada y el le contesta, Yo todavía Todo.

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