Publicidad

Sergio Rangel
Sábado 18 de mayo de 2013 - 11:45 PM

J. Mario y el impertinente rinoceronte

Publicado por: Sergio Rangel

Compartir

Retomo aquí la noche del Solar con J. Mario. Un impertinente que estaba cerca a mi silla, resoplaba como un rinoceronte y no dejaba escuchar y por eso me perdí gran parte de la magia de J. Mario. Al final ofreció sus libros. Yo quería comprar Culito de Rana, pero el sujeto que resoplaba y hacia ruidos de su podrida digestión de rinoceronte, se robó el libro y corrió calle abajo.

Joaquín Bretón, Yaneth, Ricardo Alipio, Tada Teatro, Donaldo Ortiz y otros solidarios con el poeta salieron en su persecución sin poder darle alcance. Compré entonces La Muerte de J. Mario y otros cuentos reforzados. En el momento de escribir esta columna ya había llegado al episodio en que J. Mario muere fulminado por un rayo.

Igual que J. Mario, adoro los cuentos de locos. Me he divertido leyéndolo, me río y me espanto. Su cuento, Días de colegio, en donde recuerda la definición dada a su profesor sobre el origen del bostezo, definición aprendida en Selecciones, la revista que los neomamertos de entonces que éramos nosotros, señalábamos como opio del imperialismo norteamericano, y las paradojas de la vida, hoy nosotros les enviamos coca para nublarles el pensamiento y convertirlos en zombis.

¡Que horror! El episodio de las tardes de cine al teatro Colombia. La mano peluda y fantasmal que en la oscuridad esculcaba las braguetas de los muchachos y !Oh¡ sorpresa era el papá de Lozano, el señor Lozano, (se enciende la luz) y tenía en sus manos el pipí de Lozano el condiscípulo, pero léanlo ustedes para que sepan la suerte del señor Lozano con su esposa, su hijo, el colegio y los demás condiscípulos.

Esquina de la vida, que como dijo Álvaro Mutis, jamás pensó doblar. Pablus, Pablus, abra su taller carpintería y alquimia, donde todavía fabrica sueños, mi nuera quiere comprarle unas puntillas.

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad

Publicidad

Noticias del día