Publicado por: Sergio Rangel
“No me recuerdes el mar porque la pena me mata”...... Debe estar diciendo la Diosa de la Justicia. Menudo alboroto el que se ha armado por el crucero por mar de la Presidente de la Corte Suprema Ruth Marina Diaz, y otros estresados magistrados. El capitán del pintoresco tour dicen es candidato a la vacante en esa corporación. Con toda razón el país está indignado. Tenemos una justicia ejercida por enanos, y no nos dimos cuenta a qué horas se colaron. Opíparas comilonas, regalos, viajes, ascensos, jugosas jubilaciones, son hoy las credenciales de entrada a la gran carpa de ese circo en donde se administra justicia. Los hombres que juzgan a otros hombres deben ser de conducta prístina, sin sombra en su pasado y presente (que no tengan que posesionarse en la noche) y tengan (en ese pacto social) la responsabilidad suprema de que sus fallos sean de una sabiduría tal que permita a la sociedad la seguridad de que no se navega en aguas procelosas y con capitanes con patente de corso. Y este episodio de mar, que ha causado el repudio nacional, ha dejado un sabor salobre y olor fétido de plancton y algas podridas. Ulises se hace a la mar amenazado por vientos huracanados y espadas, navega en un episodio sublime de amor. Noé construye el arca por designio de Dios y la atiborra de quienes le quisieron creer y navega hasta que cesa la ira de Dios. Colón se embarca al Occidente en la más deschavetada necedad de encontrar por allí el Oriente, demostrando que el mundo y el hombre eran una bola. Todos con propósitos que ennoblecen el espíritu. Pero, estos impávidos togados, con licencias amañadas o ciertas, eructan almibarada coctelería, mientras las polillas roen en silencios la verdad de los expedientes adocenados en los anaqueles. Ellos nuestros jueces, amparados en el anonimato que dan oscuros anteojos, en la cubierta del buque tejen la corredera que los unirá en tierra. Sépanlo colombianos indignados, no existe sanción aplicable al caso.











