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Domingo 17 de Septiembre de 2017 - 12:01 AM

Saturados de Papa

Columnista: Sergio Rangel

¿Pero cómo no escribir del Papa? Vi la llegada desde un abullonado sofá color blanco como su vestimenta. El televisor de mi anfitrión, un impresionante “cine en casa”. A la espera del Heresiarca, pepinillos y aceitunas negras aderezadas con olivas de primera prensa, vino rojo, Perú de la Croix. Las copas casi jarros, contrastan con las bellas encuadernaciones y láminas de libros de arte desparramados sobre las mesas.

Al aparecer el Sucesor de San Pedro en la puerta del Airbus italiano, la masa de católicos en el aeropuerto de Catam se estremeció. El Presidente Santos con su Señora salen al encuentro. El Papa abraza a los amputados de guerra y creo ver que a uno de ellos le brotan milagrosamente las manos. Venenosos comentarios sobre la vestimenta de la bella charaleña. Alguien dijo con aspereza… “para bailar una milonga”.

Sin medir consecuencias comento que el traje del Papa era tan antiguo como las profecías y como los bailarines iraníes, que danzan girando (Erasmo de Rotterdam critica la vestimenta de los Papas). A partir de ahí, la amigable reunión a la espera del Papa fue como la batalla de Palonegro. No supe quién me escupió una aceituna en un ojo. Miraba sin ver, dejé de oír. Por cualquier tontería el país se divide de manera feroz e irreconciliable. Trasportado en “papamóvil” a su lado una multitud rugiente y fervorosa. La multitud incontrolable rugía de fe. No eran místicos inmóviles que van a La Meca, ni idolátricos, los movía el combustible de la fe y la esperanza.

Recordé los Manuales de Teología de mi profesor el “cura de marras: “Un día delante del Señor es como mil años, y mil años son como un día” Moisés,... Soy el que Soy. Juan el teólogo…” Yo soy el principio y el fin”. En las oportunidades en que el Papa Francisco se dirigió al pueblo que lo aclamaba, habló de perdón como única manera de encontrar la felicidad. Recordemos algo, la historia de occidente se resume en la lucha entre el Estado y la Iglesia. El Estado ha fallado, a la Iglesia habrá que oírla, habla en sentido liberal.

Autor:
Sergio Rangel
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