Publicidad
Sáb Dic 16 2017
20ºC
Actualizado 05:58 pm
Domingo 06 de Noviembre de 2011 - 12:01 AM

Libros viejos

Columnista: Sergio Rangel

La Varita era un bar de mala muerte y música que frecuentaban camioneros, estudiantes y una que otra damisela de la noche en busca del amor fugaz. Mi compañero de bachillerato Oskar Lizcano regresó de España. Asistió a la escuela de medicina unos meses y después se perdió por Salamanca en las guitarras de madrugadas sin fin y en la profundidad ojerosa de las mujeres flamencas que desayunan con un enjuague de oporto seco. ¿Qué mejor que llevarlo ahora a La Varita si trajo una radiola de pilas que no había por aquí? Una buena dosis de Longplay, baterías por si acaso y unos pesos sustraídos al arriendo, los demás que esperen. Sonaron en la noche, dele que dele, bulerías, fandangos, pasodobles y cuando me dormía y bostezaba uno de los de la mesa contigua que querían oír rancheras de Pedro Infante, dio contra el suelo la rocola traída de España. Jamás he corrido tanto para salvar el pellejo, la escapada de Chispitas Duarte en el Tour de l’Avenir se queda en un simple envío de cartero.


Lizcano el valiente de España, que en el colegio se arrancaba las verrugas a mordiscos, me sobrepasó y no lo alcancé jamás.


Veo en estos días en la biblioteca de la Academia de Historia de Santander, polvosa oscura y estrecha, a Manuel Rey Sanmiguel, el bibliotecario por designación ad honorem, persiguiendo las polillas y comprando de su propio bolsillo lámparas contra insectos. En fin, tratando de que la biblioteca no se destruya con toda su ciencia acumulada para nadie. Ha entendido él, que se debe virtualizar la biblioteca. Ya no tenemos tiempo de ir a consultas a lugares insalubres. El maldito polvo, tras los amores de Manuelita y Bolívar en un libro tan viejo como el de Manzzini, es mortal a nuestra edad. Debemos poder consultar desde nuestro propio computador.


No me he levantado todavía de la gripa de un libro mohoso y viejo como un solar, que me trajo Farolito, sobre la vida de Ciro el persa. Su autor, Jenofonte. Todavía estornudo recordándolo, pero vea que me dejó a emás de la influenza, muchas enseñanzas. A Ciro, cuenta, Jenofonte, le avisaron sobre una bella mujer cautiva esposa del Rey de los asirios y lo llevaron a la tienda de campaña donde la guardaban. Al entrar ve a una mujer rodeada de sus sirvientas, sentada con ellas en el suelo y vestida de igual manera. No llores que ahora serás la esposa de otro tan poderoso y bello como el que era. La mujer llora. Levántate, fue la orden de Araspas su general. Excedía a todas en altura, en gentileza y hermosura. Se destroza las vestiduras. La mujer llora y gime, corrían las lágrimas por sus girones mojándole los pies. Ciro se dirigió a su General. El amor es voluntario, y cada uno ama lo que le va bien, como el vestido y el calzado, a las hermosas las aman los hombres y a veces no.

Autor:
Sergio Rangel
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
Contactar al periodista
Su voto: Ninguno (1 vote)
Otras columnas
Publicidad
Comentarios
Agregar comentario
Comente con Facebook
Agregar comentario
Comente con Vanguardia
Comente con Facebook
Agregar comentario
Vanguardia Liberal no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios que aquí se publican son responsabilidad del usuario que los ha escrito. Vanguardia Liberal se reserva el derecho de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje soez, que ataquen a otras personas o sean publicidad de cualquier tipo.
Publicidad
Publicidad
Publicidad