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Domingo 27 de Noviembre de 2011 - 12:01 AM

Bodas de Plata

Columnista: Sergio Rangel

Padre Mario Plata A, excúsame por no llegar a  la celebración de los cincuenta años de vida sacerdotal, me atajaron la lluvia y unos indignados que le daban patadas a sus loncheras de hijos únicos. Sé que asistieron  tus parientes y amigos, que hubo una misa solemne con Obispo a bordo, uno que  ama las guitarras,  gran banquete con vino de la competencia y aves de mi corral. Qué inconscientes, ha debido ser al contrario, de mi vino y de las aves de Gilberto. No importa, algún otro día nos volveremos a encontrar; mi preocupación está en que como ahora no existen el infierno  ni el purgatorio en donde podríamos hablar  con Calígula, Napoleón, Bolívar, Lutero, Marilyn Monroe, nos tocará en el cielo, en donde espero no haya condecoraciones ni fiestas de grado, ni insípidas bodas sentados a la mesa con los que se divorciarán la otra semana, un mal Whisky y desconocidos  a quienes debemos sonreír  cada vez que el mesero nos embute hielo en el vaso, bailar un vals recostado en las pechugas de una señora que resultó ser una prima lejana. Qué horror,  ahora que todas toman Resveratrol adoctrinadas por Amparo Grisales, una secta de colibríes sexualizados agitan sus alas en un solo sitio,  sin arrugas a cualquier edad, los ojos  tizones encendidos; en la noche son una carga de dinamita.

No tienen ellas ya que comprar esos insípidos libros de práctica  sexual que lo único que conseguían era estornudar, o esos diabólicos aparatos electrónicos que son una invitación macabra  a pasar a la silla eléctrica. Como te contaba, me atajó un río. En otra época lo hubiese atravesado encaramado en un tronco. Recordé allí a un brujo del Pedral,  me susurró al oído que en las dificultades siempre pasaría al otro lado, pero que ninguna mujer perdonaba la infidelidad y la restregaban por  cien años; no habrá jabón de olvido. Luego, se agachó en la canoa, tomó un lazo y se lo lanzó a los cuernos de un novillo que se ahogaba en la corriente. La casualidad, nada es casual, todo está preordenado. A veces no se qué pensar: al día siguiente de haber llegado después de la aventura, mientras desayunábamos en la Casa de Ejercicios y me distraía leyendo un folleto  abandonado en donde se ofrecían cremas para todo, quítese ese gran maduro del estomago, frótese las piernas y engruesarán, gotas para el desamor, vinagre balsámico para torceduras y ensaladas. En esas, aparece una mujer menudita y sonriente que me abraza. Aura Plata Castilla,  no puede ser, tanto tiempo, cincuenta años de no verla. En la ciudad fue una bomba, era la bella de las bellas, un cascabel, la risa y la inteligencia eran su poder y su defecto, todos enamorados de ella, y decide huir a un convento en Francia; esa sí fue una catástrofe de invierno. Los muchachos  echados en una bolsa de hule negra y lanzados al agua. No hubo jaula que pudiese contener ese  turpial dorado. Escapa del convento a  la Universidad, y es la revuelta de Erik el Rojo en las calles de Paris, 1968, los Rollyns Stones braman como cabras degolladas, todo es color purpura y bello.

Autor:
Sergio Rangel
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