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Domingo 04 de Diciembre de 2011 - 12:01 AM

En tren vamos por Chávez

Columnista: Sergio Rangel

A pesar de no estar de acuerdo con Félix  Jaimes Lasprilla en lo que se relaciona con el tema vial de Santander, tengo que reconocerle que es un estudioso del tema; lástima que siempre patina en los coluviones. Debe estarle doliendo ser en el pasado el opositor más rabioso al proyecto vía Venezuela por el Escorial, o carretera a Cúcuta como la llamaban en Bucaramanga los miopes que se negaban a entender que al lado teníamos un país rico, deseoso de comprar cerca y barato.
El viernes en un tardío artículo,  mi amigo Félix Jaimes L recula y con cifras señala la locura de la doble calzada a Cúcuta a un costo astronómico de $18 mil millones kilómetro, con taludes que se desmoronan como terrones de azúcar.  Y lo peor  de todo, dice él, el  embudo que se formará en la entrada y salida de vehículos. Tres horas estiman gastaría una tractomula en llegar a Curos cruzando Bucaramanga. Como el tema Vía Pamplona  no tiene reversa, con unos amigos que vemos en los trenes una extraordinaria solución a la movilidad vial, le hemos tirado corriente con el objeto de estimular desde nuestras columnas el tema. Donaldo Ortiz L me envía un correo sobre el Ferrocarril de Altura de Suiza, el famoso Jungfraubahn que recorre los Alpes desde 1889, repleto de turistas que van a esquiar  o a mirar las estrellas desde cientos de observatorios astronómicos. Una visión fantástica del universo que es la cura para la miopía parroquial que en Santander nos mata.
Me dicen ahora que Félix Jaimes L dice que no se puede un tren por El Escorial, que es muy alto, que a 2 mil metros los trenes patinan. ¿Pero cómo, si el Tren Jungfraubahn asciende a 3.500 metros y fue construido a fines del siglo XIX? Sé hoy que el Ministro Germán Cardona Gutiérrez recibió al parlamentario Mario Suarez quien le expuso esta iniciativa. El Ministro se entusiasmó y parece que se aprovecharán las buenas relaciones con Chávez  para extender ese tren a Maracaibo como fue la ilusión del siglo XIX, que por estar metidos en guerras y teorías políticas estrafalarias dejamos de ser potencias económicas.
Eduardo Durán, quien conversa al oído con el Ministro de Hacienda Juan Carlos Echeverry, le contó que las arcas del Estado están llenas, así que este muchachón deseoso que ganó la Gobernación, ojalá encuentre eco en Santos. A nosotros no nos entusiasma el metro de Bogotá, nos interesa lo que le podemos vender a los venezolanos, meternos en el cuento regional que tan buenos resultados nos dio en otra época, cuando Pedro María Buitrago, Alfonso Silva, los Espinosa Valderrama  y otros (para decirlo en términos reales), cañaron y asustaron a Bogotá con un gran país que se estaba formando  al Nororiente de Colombia, al cobijo de la economía venezolana. Vamos en esa locomotora por Chávez en una posible cofinanciación que quiere también paso al Pacífico con un gran oleoducto. ¿Será que se puede soñar apreciado Félix, o será mejor dormir el sueño de los pesimistas?

Autor:
Sergio Rangel
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