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Domingo 05 de Febrero de 2012 - 12:01 AM

Puerto Wilches, el Tumaco del mañana

Columnista: Sergio Rangel

En la década del sesenta se plantan los primeros cultivos de palma africana en Puerto Wilches. Un nuevo rumbo se vislumbra después de la pobreza y el abandono. El desarrollo agrario fue vertiginoso, se llegaron a plantar 70 mil hectáreas hasta el día de hoy. Como es natural en una región de crecimiento poblacional, surgen conflictos de todo orden. Uno de ellos, la voracidad sindical. El anacrónico sindicalismo que ve mermada su clientela en otros frentes, por falsos objetivos de clase promete el oro y el moro y se lanza a la conquista del proletariado agrario a costa de la quiebra de las empresas. Como alternativa laboral a los abusos y continuos paros, los patronos y los mismos trabajadores optan por las Cooperativas de Trabajo Asociado. Naturalmente, algunas no cumplen requisitos legales, pero en general son más efectivas que el mañoso personal sindicalizado y los cooperados están satisfechos. Los Inspectores del Trabajo con óptica politizada, sesgada y miope, atiborran al ministro Pardo con informes de guillotina, sin darse cuenta que le han dado vía al caos y a las trasnacionales del aceite. Los trabajadores divididos se enfrentan. Una multa de 11 mil millones obligará a cerrar la primera extractora de aceite. Luego cerrarán las demás. Las cinco mil hectáreas que el PC (Pudrición de Cogollo) ha mandado al piso, con la quiebra de muchos palmicultores y el desempleo de cientos de trabajadores, agudizan la situación. En Tumaco por PC murieron 35 mil hectáreas de palma, su población hoy desempleada, lanzada a los cultivos ilícitos soporta la escalada más espantosa de violencia y descomposición. Señor Ministro, ¿está usted esperando que esto suceda en Wilches?


¿Dónde está la verdad oculta de este problema? El espectro del TLC con los EU comienza a mostrar sus garras. Los ingenuos gobernantes nuestros con su pensamiento romo y su dialéctica de babas, comienzan a dar paso a las Transnacionales aceiteras. Con el pretexto del no cumplimiento de normas laborales, los sindicatos de EU aliados con el gran capital exigen sanciones a los palmicultores colombianos. Pongamos atención a esta paradoja. En EU se permite la contratación por horas y minutos. Aquí se exigen contratos a término indefinido con pagos de parafiscales y drásticas sanciones por terminación sin justa o justa causa, que resultan impagables. La quiebra de la empresa palmera comienza su rápido recorrido con las consecuencias de desempleo y violencia. Y el hueco futuro en la producción aceitera, que hoy es de superávit, comienza a ser ocupado por las importaciones de EU de aceite de soya, girasol, maíz etc. Idénticamente sucedió en el siglo pasado, en una alianza macabra con sindicatos de ferroviarios y del transporte fluvial, las trasnacionales financiaron paros sucesivos hasta dar al traste con el servicio. El objetivo era abrirle campo a las ensambladoras de camiones. La ingenuidad de los colombianos no tiene límite, mientras en EU los empresarios del campo reciben cuantiosos subsidios, aquí se les persigue. Nuestra desastrosa guerra seguirá siendo campesina. Y así se pretende acabar con la violencia y la droga.

Autor:
Sergio Rangel
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