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Domingo 20 de Agosto de 2017 - 12:01 AM

De taxis y malquerencias

Columnista: Sonia Diaz Mantilla

El de taxis es un servicio considerado público, por transportar pasajeros pero que prestan privados. Punto. Además, está expuesto a la ley de la oferta y la demanda. Si es así, ¿por qué el Estado tiene que protegerles la realización de la actividad, en desigualdad de condiciones con otras empresas que prestan ese servicio?

No es una actividad del todo regulada, o si no pregúntele al taxista cuando hoy aborde el servicio, si le pagan un salario legal, prestaciones de ley, toma vacaciones como cualquier trabajador y si tiene un ahorro en cesantías. La respuesta va a ser negativa, porque la gran mayoría de los miles de taxistas que hay en Colombia, trabajan como en los préstamos a cuenta gotas. Y para no ponernos a llorar, ni pregunte por los horarios extendidos de trabajo, que no les representan ningún pago extra. Hay que ser dueño de taxi, pagar el cupo (más de $100 millones) para que le vaya bien.

Si los usuarios estuvieran tan contentos con el servicio, serían los primeros en hacer causa común con las empresas de taxi, para impedir que entraran otras plataformas. Pero no lo están. La masiva huida a la aplicación Uber en las ciudades o a las nuevas empresas que ofrecen comodidad y buen servicio ya es evidente.

De hecho también las mismas empresas de taxi han creado aplicaciones para modernizar el servicio y algunos lo están logrando. Pero ser bueno en lo que se hace no depende de si hay aplicaciones, carros modernos, protección del Estado sino -para el caso de las empresas de taxis- ofrecer un excelente servicio, a tiempo y sin excusas.

Y ayudar a que el tráfico funcione bien, porque gran responsabilidad de los atascos está en la mancha amarilla que ya copa en todas las ciudades un carril completo de vía, siendo co-responsables los ciudadanos que paran al taxi en mitad de la vía, en el semáforo que está por cambiar, etc.

Ahora anuncian las empresas de taxis de Bogotá un paro para cuando venga el papa Francisco. Eso es como hacer todo lo posible porque alguien no lo quiera a uno.

Autor:
Sonia Diaz Mantilla
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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