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Domingo 03 de Septiembre de 2017 - 12:01 AM

Las revoluciones que no llegaron

Columnista: Sonia Diaz Mantilla

En la Unab de la que me gradué en Comunicación Social hace casi 30 años, hubo un proyecto marxista-leninista del Eln y las Farc para conseguir adeptos. Militantes de esos grupos eran enviados a estudiar en las llamadas carreras de humanidades, donde creían podría desarrollarse un mayor pensamiento en su favor, para conseguir el poder. Los resultados: varios compañeros de pupitre muertos, otros que cambiaron de bando o lo suavizaron, una vez llegaron la adultez y las cuentas por pagar (a los que llamaban burgueses), y algunos otros que siguen abrazando desde trincheras tecnológicas un discurso que ya no es capaz de alimentar ni siquiera Cuba.

Muchos secuestros, muertes, atentados, voladuras, han pasado desde entonces. Mucho daño, décadas de desarrollo perdidas. Demasiada ideologización y poca acción constructiva.

Tal vez lo único positivo que dejó ese proceso, fue el pensamiento crítico. Muy aburridos de trapos rojos y azules buscando nuevo aire en ideas políticas -ni “elenos”, ni “farianos” lograron meterle pueblo a su revolución-, la franja mayor quedó en los que buscaban a quién creerle. Se demoraron en llegar las propuestas alternativas, pero como siempre termina mandando el que sí vota, que no es precisamente el batallador oral de la universidad. De ahí que no es de extrañarse porqué ahora no existen ideologías, sino movimientos que funcionan como bolsas de empleo, o expertos en cómo tumbar al Estado con la contratación pública, maquillada de atención social. ¿O es que los seguidores de los Alviar y los Aguilar están en igualdad de condiciones que sus jefecitos?

Las promesas ahora no son de un cambio en las estructuras de poder, sino un contratico que pasa por la bendición y el ‘peaje’ del que llega al cargo de elección popular. Nuestros políticos piensan en elecciones, no en generaciones y en subir apresuradamente (a la manera de los mafiosos) en la escala social.

Autor:
Sonia Diaz Mantilla
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