Domingo 29 de Octubre de 2017 - 12:01 AM

Radiografía política

Columnista: Sonia Diaz Mantilla

En la página oficial del Partido Liberal (www.partidoliberal.org.co) tienen colgada la foto de Juan Manuel Santos como el último presidente de ese partido, cuando la realidad es que fue elegido por una coalición que devino en Partido de la Unidad Nacional, la U.

Es como si le diera la pena al liberalismo aceptar que desde 1994 no tiene el poder real, muy a pesar de que tanto Álvaro Uribe como Juan Manuel Santos, fueron liberales primero, pero armaron toldo aparte. Dicen que lo que empieza mal, mal termina.

El espectáculo de las últimas semanas del liberalismo, primero convenciendo a Humberto de la Calle para que acogiera nuevamente al partido, obviamente con la bandera de la paz y luego metiéndonos a los colombianos en una costosísima consulta (ahora dicen que no vale $85 mil millones sino $40 mil millones), para determinar si es el hombre de la paz de Santos o un hábil político como Juan Fernando Cristo, es lastimoso.

Y otro ex integrante del liberalismo, Germán Vargas Lleras, está recogiendo firmas para inscribirse, porque al partido que creó, Cambio Radical, no le cabe un prontuario más entre personas que avaló para las elecciones regionales y cargos públicos de primer orden. Por los lados del Centro Democrático, el manejo personalista de esa colectividad en la figura del senador Uribe, va a impedir seguramente que alguno de los precandidatos tenga alguna opción de poder en las elecciones del próximo año, para las que podremos votar 35 millones 876 mil colombianos.

Los conservadores se apañan fácil con cualquiera que gane. Es un partido al que parece tenerle sin cuidado quién gane las elecciones, porque desde hace varias décadas controla muchos institutos descentralizados y organismos del orden nacional, y es mejor (parece) tener los puestos que los votos. Es su seguro.

La izquierda (la moderada) transita entre las aguas de la independencia, pero pareciéndose mucho a su archienemigo Uribe en el método, porque entre quienes están figurando hay mucho personalismo, mucho grito, pocos argumentos para convencer. Ya desaprovecharon el discurso contra la corrupción y no se van a meter demasiado en el tema de los acuerdos, porque los quema. Y la otra izquierda, la del partido de la flor, ya le hizo el “fo” hasta a Piedad Córdoba, quien casi se hace matar por sostener el tema de las Farc en la agenda pública colombiana e internacional.

Ahí vamos, cualquier cosa puede pasar en las elecciones del 2018.

Autor:
Sonia Diaz Mantilla
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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