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Viernes 25 de Agosto de 2017 - 12:01 AM

¡Qué vida tan dura!

Columnista: Virgilio Galvis Ramírez

En una democracia el Parlamento es necesario, pero en Colombia miren la fácil y vergonzosa “vida” de un congresista: Gana mensualmente 42 salarios mínimos: 737,717 x 42 = 31 millones. Les pagamos 30 días y solo trabajan 12 y los vemos por la tele, durmiendo o hablando por celular. Como si fuera poco, trabajan 7 meses y les pagamos 12 y además si no asisten al trabajo, no pasa nada. Les pagamos escoltas para que los protejan de sus fechorías. Les damos mínimo dos vehículos blindados y algunos al terminar periodo, no los regresan y cuando son de las mesas directivas, llevan como extra la gasolina que demanden. Les damos un celular y les pagamos el consumo. Tienen pago el “derecho” a los golpes de comida que costean usualmente los ministerios interesados en proyectos. Disponen de 50 salarios mínimos para contratar hasta 10 “asesores” que ni van, ni trabajan y son llamados “Unidades de Trabajo Legislativo”, asignándolos en la mayoría a sus familiares; los intercambian con otros parlamentarios para tapar la violación. Les pagamos una prima técnica en junio y otra en diciembre y a los reincidentes les damos prima de antigüedad. Se pensionan con 25 salarios mínimos. Les damos ocho tiquetes de avión por mes. Cuando se hacen invitar internacionalmente, reciben la totalidad de los costos de viaje y la Cancillería, según el país, les ajusta sobre un básicos de 300 dólares de viáticos al día.

Algunos parlamentarios directivos con responsabilidad diplomática tienen inmunidad y mientras están en sesión tienen “impunidad total”; es decir, pueden injuriar o inculpar sin fundamento a cualquier ciudadano y no les pasa nada. Si los apresan pagan su condena en casa o en recintos especiales. Se pueden reelegir indefinidamente. Fabrican leyes para su provecho o para privilegiar amigos o “Cacaos” financiadores o “interesados” a quienes les entregan información privilegiada sobre proyectos de gobierno.

También se benefician de uno que otro “pequeño” Odebrechito. De todo lo dicho, queridos colombianos, somos nosotros los responsables. Nos quejamos todo el tiempo mientras ellos se gozan nuestros recursos.

Coletilla: Le preguntaron a Miguel Ángel, el maestro escultor del “David” en Florencia y “La Piedad” en el Vaticano ¿por qué la pintura de la capilla Sixtina la hizo tan linda y a sus hijos tan feos? Y él contestó…

¡La capilla la hice de día!

Autor:
Virgilio Galvis Ramírez
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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