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Viernes 27 de Octubre de 2017 - 12:01 AM

La sordera

Columnista: Virgilio Galvis Ramírez

Se dice que alguien sufre pérdida de audición cuando no es capaz de percibir umbrales de sonido en ambos oídos iguales o superiores a 25 decibeles. Más del 5% de la población mundial (360 millones de personas) la padece; 32 millones son niños; el 60% de esos casos puede ser tratable y para la tercera parte de los mayores de 65 años, resulta discapacitante.

Los jóvenes entre 12 y 35 años están en alto riesgo de deterioro auditivo por la exposición a excesivos niveles de ruido en contextos recreativos o por abuso de audífonos.

La sordera tiene mayor prevalencia en países de ingresos medianos y bajos. La OMS calcula el costo mundial por desatención en USD750.000 millones anuales. La pérdida de audición o sordera puede ser: Genética, trasmitida por herencia o congénita (por complicaciones durante el embarazo como la rubeola materna, sífilis u otras infecciones en el embarazo o fruto de complicaciones en el parto como falta de oxígeno o el bajo peso al nacer. Adquirida como ictericia grave durante el período neonatal; enfermedades infecciosas como la meningitis, el sarampión y la parotiditis o a cualquier edad por empleo de fármacos antitóxicos como antipalúdicos y diuréticos; los traumatismos craneoencefálicos, la exposición al ruido excesivo, maquinaria ruidosa, aparatos de audio personales a un volumen elevado durante períodos prolongados o producto de explosiones; por la obstrucción de cerumen en el conducto auditivo o la degeneración de las células sensoriales por envejecimiento y en niños las infecciones crónicas (otitis media)

Acciones precoces para evitar la pérdida auditiva son necesarias. La audición funcional se pierde y así la capacidad del individuo para comunicarse con los demás. En niños el habla se retrasa y lee trae bajo rendimiento escolar; viven social y emocionalmente en soledad, aislados y en las personas mayores trae depresión. Laboralmente la tasa de desempleo es mayor y los que la tienen, ocupan puestos de categoría inferior.

Recomendamos la consulta otológica como la más sencilla estrategia de prevención. Usar dispositivos de protección como tapones que amortigüen el ruido ambiental. La vacunación contra las enfermedades de la infancia, prevenir infecciones por citomegalovirus en mujeres embarazadas; la logoterapia, (terapia del habla), el uso de audífonos o la cirugía de implante coclear pueden ayudar mucho.

El oído enfermo no vuelve a la gente necesariamente sorda, sino malos escuchas.

Autor:
Virgilio Galvis Ramírez
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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