El Estado y la sociedad no han puesto cuidado a este drama social y cada familia que sufre la pérdida de un ser querido en tales edades por esta forma de muerte se fractura. Estamos ante un problema de hondo calado pues las curvas de suicido entre jóvenes aumentan año a año.
Publicado por: REDACCIÓN EDITORIAL
Cuando se habla del suicidio, en Colombia muchos traen a la memoria la forma como murieron legendarios personajes de la vida pública como el genial caricaturista Ricardo Rendón, como quien ha sido –probablemente- nuestro más ilustre poeta, José Asunción Silva. Pero mirando el suicidio como hecho social, las cifras quitan la respiración pues ponen en evidencia un grave y descuidado problema: el suicidio en los jóvenes, más exactamente en quienes tienen entre 5 y 24 años de edad.
Sí. Según la información que tienen las entidades que estudian tal forma de muerte como fenómeno social, en Colombia se suicidan casi dos adolescentes al día pues en 2009 así fallecieron 598 jóvenes y si bien no hay aún cifras de 2010, entre 2007 y 2009 el número aumentó año tras año. Y algo más, la mitad de tales casos ocurrieron en Bogotá y Antioquia. Según la Liga Colombiana contra el Suicidio, 6 de cada 10 jóvenes ha pensado alguna vez en quitarse la vida.
Para complementar lo anterior, vale la pena comentar que, según el "Estudio Nacional de Salud Mental del adolescente colombiano", hay ideación suicida desde los 4 años. En el mundo el suicidio es la tercera causa de muerte juvenil.
¿Qué pone en evidencia lo expresado? Que la sociedad y el Estado tienen que mirar con otros ojos el problema del suicidio entre los jóvenes.
Los científicos sociales consideran que el desarrollo de la economía y la vida urbana han producido bruscos y profundos cambios sociales y familiares, habiendo ello afectado sobremanera a quienes tienen menos de 25 años, población que padece de soledad íntima, pérdida de motivación y de emociones, pese a que la mayoría de ellos diariamente "navega" electrónicamente en redes sociales durante largas horas, a través de computadores, celulares y aparatos similares y que muchos adolescentes consideran que entre ellos no hay nada que decirse si no es por vía electrónica; desafortunadamente tales formas de comunicación no crean vínculos afectivos que fortalezcan la personalidad. Y la soledad íntima conduce a la depresión, grave mal del siglo XXI.
Lo anterior ha producido muchos seres humanos apáticos, sin capacidad de disfrutar, que no tienen herramientas afectivas para superar una frustración, ni un fracaso, que no saben manejar el perder, el equivocarse.
El Estado y la sociedad no han puesto cuidado a este drama social y cada familia que sufre la pérdida de un ser querido en tales edades por esta forma de muerte se fractura. Estamos ante un problema de hondo calado pues las curvas de suicido entre jóvenes aumentan año a año.











