Bucaramanga quiere internacionalizarse, buscar inversión extranjera para acelerar su desarrollo, pero no cumple siquiera con uno de los requisitos más elementales para lograrlo: tener una fuerza de trabajo que se defienda en una de las materias primordiales para el mundo globalizado de hoy, el idioma inglés.
Publicado por: Redacción Editorial
El título de este espacio editorial, sirve para resumir la encrucijada en la que se encuentra la capital de los santandereanos en la actualidad.
Bucaramanga quiere internacionalizarse, buscar inversión extranjera para acelerar su desarrollo, pero no cumple siquiera con uno de los requisitos más elementales para lograrlo: tener una fuerza de trabajo que se defienda en una de las materias primordiales para el mundo globalizado de hoy, el idioma inglés.
Sí. Los ingentes esfuerzos que ha realizado la clase empresarial de la región en asocio con la administración municipal para insertar a la ciudad en la economía internacional, no han tenido eco en los sectores que deben servirle como soporte. Primordialmente, el educativo escolar y universitario.
Es que el inglés, hoy en día, no puede seguirse manejando como una materia electiva.
En un mundo en el cual esa lengua predomina no solo como puente de comunicación universal sino como el idioma preferido para los negocios, su enseñanza y posterior dominio no puede ser una elección personal, sino un requisito mínimo para recibir un diploma, sin importar la profesión de la que se hable.
De hecho, la situación de Bucaramanga en esa materia es tan precaria, que basta con citar algunas cifras como las que maneja la Zona Franca Santander, ZFS, para observar el problema en toda su dimensión.
Por estos días, una empresa extranjera que establecerá negocios en la ZFS, demandó 60 puestos de trabajo para los cuales llegaron 700 hojas de vida. Sin embargo, sólo 100 de las mismas poseen conocimientos de inglés en un nivel aceptable, que les permita comunicarse de manera verbal y escrita en ese idioma.
Pero el dilema no termina ahí. Esa misma empresa requerirá 300 personas más en 6 meses y hasta 1.000 más en un año, lo cual sería una excelente noticia para la ciudad, si no fuera porque al día de hoy no se sabe de dónde saldrían localmente los candidatos que cumplan con ese requisito básico de dominar el inglés.
El problema, no obstante, es todavía más profundo.
Es que no basta con hablar de la escasez crónica de profesionales con ese activo en su hoja de vida en la región. El pobre por no decir nulo nivel de los alumnos de los colegios oficiales en inglés, no solo ocasiona que la situación tienda a perpetuarse, sino que condena desde ahora a sus futuros graduandos a entrar con serias desventajas a competir en el mercado laboral.
Por el momento, los únicos que parecen concientes de la importancia de hablar inglés son algunos colegios privados del área metropolitana. En esos establecimientos, el nivel alcanzado por sus estudiantes es tal vez la única luz que brilla en la oscuridad de la ignorancia.
Y se trata, sin lugar a dudas, de un ejemplo a seguir no solo por los demás centros de enseñanza primaria, secundaria y superior, sino por la ciudadanía en general que un pensamiento sí tiene bien claro: su deseo de progresar.









