El argumento es simple pero contundente. Sólo en aquellas urbes o departamentos donde prima el voto a conciencia, los elegidos saben que se deben a la ciudadanía, que su triunfo es consecuencia de sus electores y es por ellos que se dedican a trabajar, en lugar de hacerlo a favor de cuotas burocráticas y apoyos viciados de contratistas
Publicado por: REDACCIÓN EDITORIAL
En los últimos tiempos se ha dicho que las únicas ciudades en Colombia donde prima el voto de opinión son Bogotá y Medellín.
Diferentes analistas políticos así como los mismos resultados de los comicios locales, han demostrado que lamentablemente, sólo en esas urbes y con contadas excepciones en otros lugares del país, los sufragios depositados por ciudadanos ajenos a las presiones políticas, a los vicios electorales y a la compra desvergonzada de votos, han tenido un impacto verdadero en el desenlace de las elecciones.
Y la teoría va más allá. De hecho, ésta dice que en las capitales donde prima el voto de opinión, es más posible la escogencia de buenos funcionarios que en la práctica, han mantenido a esas urbes varios escalones por encima del resto del país. Los burgomaestres de los últimos años de la capital de la República confirman la teoría, luego de lograr una verdadera transformación de esa ciudad.
Pero también hay que decirlo, cada regla tiene su excepción. Y en este caso la encarna la administración de Samuel Moreno, que acabó siendo un verdadero desastre para Bogotá.
Pero más allá de ese paréntesis nefasto y vergonzoso para la capital del país, es en el resto de Colombia donde se ha visto y más que visto, sufrido la otra cara de la moneda. Esa en la que son los acuerdos politiqueros, el trasteo de votos, el ejercicio de cacicazgos malsanos y el poder corruptor de las billeteras, los que imponen a los burgomaestres y concejales. Imposiciones que más tarde, han tenido consecuencias catastróficas para la ciudadanía.
Es por esa sencilla razón que el llamado de hoy al voto de opinión para que se haga presente, más que necesario, es imprescindible y urgente.
El argumento es simple pero contundente. Sólo en aquellas urbes o departamentos donde prima el voto a conciencia, los elegidos saben que se deben a la ciudadanía, que su triunfo es consecuencia de sus electores y es por ellos que se dedican a trabajar, en lugar de hacerlo a favor de cuotas burocráticas y apoyos viciados de contratistas que inexorablemente cobran sus deudas de campaña con cargo al erario.
Así, puede sonar a repetición de la repetidera, a insistencia y reiteración de lo sabido, pero sólo cuando el voto responsable, analítico, limpio, sano y ajeno a presiones indebidas y vicios malsanos, sea el que determine a los funcionarios departamentales y municipales, el país y concretamente cada una de sus regiones como Santander, darán el salto hacia el progreso que tanto se necesita.









