Jueves 24 de Mayo de 2012
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Editorial
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Domingo 29 de Enero de 2012 - 12:01 AM

La mediocridad como bandera nacional

El resultado de las observaciones no puede ser más lamentable. Pero por donde se mire, en este país reina la mediocridad. Y muy particularmente, en el sector público.
Es que resulta suficiente con explorar cualquier tema de la realidad nacional en el cual estén involucradas las manos oficiales, para llegar a la penosa conclusión de que aquí, en Colombia, la mediocridad se adoptó como bandera nacional.

Desde la determinación  de las macropolíticas nacionales, pasando por las grandes obras públicas y el manejo de la infraestructura, hasta el conjunto de lo que tiene que ver con el manejo de lo local en todas las ciudades del país, en esta sociedad se volvió costumbre hacer o dejar las cosas a medias.

Sí. Los casos para ilustrar la penosa realidad anterior, serían suficientes para colmar ediciones de periódicos enteras. Sin embargo, a manera de ejemplo no se puede dejar de mencionar cómo una gran mayoría de las carreteras del país están construidas a medias; las frecuentes reformas legales, judiciales y tributarias sirven a medias y los intentos para luchar contra la evasión de impuestos se hacen también, a medias. De hecho, a medias quedan siempre estatutos tan importantes como los que se pretende ataquen la corrupción y es por esa razón que en el pasado, presente y futuro, no habrá presupuesto a salvo ni recaudo impositivo que alcance para suplir las necesidades mínimas de millones de ciudadanos.

Ahora, pasando al plano local, es suficiente con salir del hogar para darse cuenta que  la recogida de las basuras se hace a medias, los reparcheos de las vías lo mismo y los arreglos de la infraestructura general, así como la limpieza habitual de las calles y avenidas se realiza, como es fácil de adivinarlo, a medias.

Incluso, para no ir más lejos e ilustrar casos más concretos, los santandereanos no entienden aún el porqué, si una medida como la adoptada por el Alcalde de permitir el acceso de carros particulares al carril de Metrolínea durante un corto trayecto sobre el viaducto para acabar el trancón resulta tan efectiva, ésta no se replica en el sentido inverso, es decir norte-sur, para imitar los resultados. No, una vez más, se deja la solución a medias.

Como a medias también se ha venido dejando la limpieza de los separadores y costados de la autopista, que son una auténtica vergüenza para la ciudad.

En resumidas cuentas y tal como se prueba más allá de toda duda en los párrafos anteriores, el lema predilecto del estado colombiano es una oda a la mediocridad. Y no hace falta ser vidente para predecir que ante obras y políticas mediocres, sólo se obtendrán resultados mediocres que entre otras cosas,  jamás sacarán al país de la pobreza crónica y el subdesarrollo atávico que lo embargan.

Publicada por
REDACCION EDITORIAL
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