Lo cierto es que los colombianos llevan 24 años eligiendo a aquellos candidatos que ofrecen soluciones inmediatas y quiméricas a problemas estructurales y profundos, eligiendo imposibles, que hunden en el atraso a las regiones y municipios.
Publicado por: REDACCION EDITORIAL
En 1853, el sector del Partido Liberal conocido entonces como los gólgotas (nombre dado por un exaltado discurso de uno de ellos, José María Samper) presentó al Congreso e impulsó un proyecto de Ley para establecer la elección popular de alcaldes y gobernadores. El otro sector liberal, denominado los draconianos, se opuso, argumentando que al amparo de tal reforma se incubarían muchos feudos y feuditos en el país, se dispararía la corrupción y el ejercicio democrático se convertiría en farsa trágica. El 14 de marzo de tal año se aprobó dicha Ley.
133 años después, en 1886, cuando se discutía una reforma a la Constitución de 1886 para consagrar la elección popular de alcaldes (a la que luego se añadió la de gobernadores), un puñado de estudiosos desempolvó la citada polémica de mediados del siglo XIX y puso de presente los lados flacos de tal propuesta, que se promocionaba como una gran victoria de la soberanía popular.
En enero pasado se posesionaron los gobernadores y alcaldes elegidos en octubre de 2011 y a hoy, solo cuatro meses después, ya dos mandatarios de importantes departamentos fueron sancionados disciplinariamente y no podrán seguir en sus cargos. Se ignora qué ocurrirá con el resto de ellos en los 3 años y 8 meses que faltan de sus períodos.
Así, pese al avance que significa la elección popular de alcaldes y gobernadores, nadie puede argumentar que no hay graves traumatismos por el montón de feuditos que han surgido en toda nuestra geografía a la sombra de tal tipo de elección; nadie puede decir que no se ha disparado la corrupción y que algo tiene que ver en ello el sistema de elección de los mandatarios seccionales y municipales. Y nadie duda que muchas elecciones locales y departamentales son trágica farsa. Es decir, siguen palpitantes y vigentes las críticas de los draconianos, 159 años después.
¿Qué hacer? Los doctos afirman que fortalecer los mecanismos democráticos, más lo cierto es que los colombianos -por insuficiente cultura política- llevan 24 años eligiendo en los municipios y departamentos -las más de las veces- a aquellos candidatos que ofrecen soluciones inmediatas y quiméricas a problemas estructurales y profundos, eligiendo imposibles, que hunden en el atraso a las regiones y municipios. Y se ha multiplicado la corrupción, la toma mafiosa del poder local, la intimidación electoral, las formas de violencia, el envilecimiento de las administraciones municipales.
No debe volverse atrás pero el qué hacer pasa por meridianos que busquen mejorar mucho la cultura política y desenmascarar a las camarillas de poder que pelechan del atraso de las regiones y los municipios.









