La ciudadanía tiene que cerrarse en torno al rechazo absoluto de la violencia y de actos terroristas y miserables como este, que no se justifican bajo ningún hecho, postura o ideología.
Publicado por: REDACCIÓN EDITORIAL
Otra vez la voz de la violencia y la demencia se alzó en nuestro país. El infame atentado ocurrido ayer en la capital de la República contra el exministro Fernando Londoño Hoyos nos recordó que la violencia irracional que la nación ha sufrido por décadas sigue viva.
Profunda angustia genera pensar que podemos volver a épocas dolorosas de nuestra historia en las que los carros bomba y los atentados indiscriminados contra los ciudadanos puedan volver a ganar terreno en nuestras ciudades.
De izquierda o de derecha, de dónde venga el atentado no tiene importancia, pues la violencia es una sola y destruye a una sociedad de la misma manera, sin importar qué banderas supuestamente ondea.
Las autoridades atribuyen el hecho a las Farc, lo que no sorprendería ya que sería uno más de la lista de atentados contra la población indefensa y de las actuaciones irracionales que son el sello característico de este grupo guerrillero.
Hoy, las familias de las víctimas inocentes tendrán que empezar una nueva historia sin un padre, sin un hermano, sin un hijo. Personas que como la gran mayoría de ciudadanos no tienen nada qué ver con ningún conflicto y sin embargo son quienes cargan con sus absurdas consecuencias. Muertes impunes y dolorosas. Vidas desperdiciadas y futuros truncados.
Al fatal atentado siguieron una serie de manifestaciones de rechazo al terrorismo en todas sus formas. Un “no a la violencia” empezó a replicarse en las redes sociales, donde todos reiteraron, una vez más, que la violencia y el terrorismo no pueden tener cabida en nuestro país.
La ciudadanía tiene que cerrarse en torno al rechazo absoluto de la violencia y de actos terroristas y miserables como este, que no se justifican bajo ningún hecho, postura o ideología. Pero las autoridades encargadas de garantizar la seguridad de los ciudadanos deben replantear su estrategia de defensa.
Indiscutiblemente el país empieza a retroceder en materia de seguridad. Preocupa que otra vez el miedo y la zozobra se apoderen de nuestras calles. Los informes que llegan sobre la tecnología utilizada en este atentado, supuestamente un explosivo capaz de adherirse al vehículo como un imán, hacen pensar que no se está seguro en ninguna parte y que estos grupos terroristas, lejos de estar pensado en caminar hacia la paz, siguen invirtiendo en su guerra y en su interés de destruir la democracia.










