La noticia no tuvo mayor trascendencia en la prensa nacional, tal vez porque todavía se ubica en un horizonte lejano al cual puede que el país no llegue nunca. Sin embargo, durante su reciente viaje a China, el presidente Juan Manuel Santos expresó la aspiración gubernamental de que Colombia, eventualmente y luego de continuar con el proceso de exploraciones, llegue a producir dos millones de barriles de petróleo diarios.
La cifra, definitivamente impacta cuando se compara con el casi millón de barriles que produce el país actualmente, pero todavía más al relacionarla con los 2 millones 700 mil que extrae Venezuela y que la sitúan como una de las potencias petroleras del planeta.
En su periplo a China, el presidente invitó a inversionistas asiáticos a participar en los proyectos de exploración, lo cual sin lugar a dudas constituye un paso muy importante para alcanzar la meta. Pero no es el único.
Y no es el único, porque en caso de que en algunos años Colombia lograra prácticamente duplicar su producción de petróleo, las implicaciones de esa posible bonanza, es decir, el vuelco que le daría a la economía nacional habría que tenerlo contemplado lo antes posible.
Es que si bien nadie puede dudar que vivir en un escenario de ser país productor importante de petróleo sería envidiado por la mayoría de naciones del mundo, los efectos de esa transformación pueden ser positivos, pero también muy negativos. Y para la muestra, Venezuela.
Es que mientras otras sociedades del mundo han logrado aumentar la calidad de vida de sus habitantes capitalizando la suerte de tener oro negro en abundancia, otras como nuestros vecinos, la han dilapidado casi por completo.
Ahora, si a ese aumento inusitado en el flujo de divisas se le agregan otras dificultades que suelen propagarse tales como una enfermedad holandesa, cuyos síntomas comenzarían por revaluar aún más el valor del peso frente al dólar con todo lo que ello implica, resalta aún más la necesidad de planificar con tiempo.
Sobre todo, cuando planificar con tiempo no ha sido uno de los fuertes de este país y ahí están los seis años malgastados entre el comienzo de las negociaciones del TLC con Estados Unidos y su puesta en marcha, que fueron totalmente desperdiciados. Seis años en que no se construyó ni una carretera ni se actualizó un solo puerto.
La experiencia de la falta de previsión la va a comenzar a vivir el país por estos días. Un nuevo reto ya puede visualizarse y ojalá no se cometa por enésima vez el mismo error.

