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Editorial
Domingo 10 de junio de 2012 - 12:00 AM

¿Quieren los colombianos a su país?

Es de antología el cambio radical de comportamiento de innumerables colombianos en el instante en que tocan el suelo de un país desarrollado

Publicado por: REDACCIÓN EDITORIAL

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La pregunta que plantea el título de este espacio editorial, lamentablemente tiene una respuesta negativa. Y sí, no son todos, pero sin lugar a dudas una cantidad apreciable de ciudadanos, se comporta como si esta nación fuera su enemiga y no la patria que los vio nacer.


La costumbre comentada hace tiempo en diferentes medios y relatada en no menos escenarios, sobre el cambio radical de comportamiento de innumerables colombianos en el instante en que tocan el suelo de un país desarrollado, es de antología.


Es que apenas se bajan del avión, parecen otras personas. Ya sea en Madrid, París, Nueva York o Miami, para citar apenas algunos ejemplos, en el momento en que arriban a esas urbes, la conducta una gran cantidad de colombianos se transforma. Obedecen las leyes, acatan las normas, respetan el tráfico, no botan un papel a la calle. En fin, dan muestras de un civismo que en su lugar de origen ignoran sistemáticamente.


¿La razón? Posiblemente son muchas. La vergüenza de comportarse mal en un país en el que se consideran invitados puede ser una de ellas.


Sin embargo, una explicación que definitivamente es necesario tener en cuenta, es que por lo general en esas naciones la autoridad hace cumplir las leyes, además del rechazo social que inmediatamente genera un proceder anticívico o maleducado.


El problema, entonces, es por partida doble. La primera arista es la más grave y deja en evidencia cómo muchos colombianos, demasiados quizá, sólo se comportan bien cuando se sienten observados, con altas posibilidades de ser sancionados por las autoridades si infringen las normas. El civismo, la buena educación y el afecto por su país o la ciudad donde viven, no son motivación alguna para portarse como buenos vecinos en sus lugares de origen.


Ahora, si a esa actitud dañina se le suma la falta de autoridad imperante en la mayoría de las urbes nacionales y particularmente en ciudades como Bucaramanga y su área metropolitana, el resultado directo es el caos y el deterioro que se respiran a diario en calles, avenidas, parques y edificios públicos, con un larguísimo etcétera.


La solución, como se ha dicho desde hace décadas, debe atender dos flancos. El primero, como es apenas lógico, es la educación que se debe impartir en hogares y colegios sobre unos principios mínimos de comportamiento en sociedad. Y el segundo, compete una declaración de guerra frontal a la impunidad o puesto en otras palabras, a la pasividad de las autoridades que con ojos complacientes miran cómo se cometen todo tipo de delitos contra las normas y se violan las bases más elementales del civismo sin inmutarse.


En síntesis, únicamente cuando se corrijan esos dos aspectos tan acendrados en la sociedad colombiana, se podrá detener esa caída libre en la que se encuentra la calidad de vida de 45 millones de conciudadanos.

Publicado por: REDACCIÓN EDITORIAL

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