O se toman decisiones sabias para el Cauca y se genera desarrollo de todo tipo allí, o la estratégica operación militar “Espada de Honor”, será truncada por hechos sociales. Y el país entero necesita que sea exitosa
Publicado por: REDACCIÓN EDITORIAL
La situación del Cauca, actualmente el más convulsionado escenario de batalla del país, tiene atónita a la opinión pública. La región es bombardeada con noticias sobre hechos armados y de terror cada vez que éstos ocurren, pero enfocan cada acto aisladamente, pese a que pertenecen a un todo aún no debidamente aireado de cara al país.
¿Acaso es solamente en el Cauca donde existe una situación de orden público crítica? Desafortunadamente no. En Arauca, en días pasados, se anunció un paro armado; hay resurgimiento de la actividad guerrillera en Nariño, Caquetá, Catatumbo, Meta y el nudo de Paramillo, entre otros lugares.
Si lo anterior es cierto, el Gobierno Nacional debe cambiar el mensaje que transmite a la ciudadanía sobre hechos de orden público porque lo insularmente informado choca con lo que la gente palpa y si la opinión pública se siente mal informada, busca canales irregulares de comunicación y el resultado es nefasto.
¿Ejemplos? En días pasados, en el norte del Cauca, mientras al fondo se oían explosiones y nutrido fuego cruzado de armas de largo alcance, el comandante del Ejército afirmaba a los periodistas que había completa calma en la región y que la situación estaba bajo control de la Fuerza Pública.
La posición de los indígenas y algunos sectores de la población caucana debe mirarse con sensatez. Allí, desde hace tiempo, generación tras generación, hay una fuerte tradición de rebeldía y el abandono en que el centralismo la ha mantenido, es caldo de cultivo para que las fuerzas irregulares encuentren resguardo.
En dicha región, en los años 20 del siglo XX, se produjo el alzamiento del legendario dirigente indígena Quintín Lame y no fue ese el primer brote de rebeldía de dicha etnia.
El Estado tiene que ser imaginativo, oír a los indígenas, hacer verdadera y permanente presencia económica y social, único dique capaz de evitar que los hechos se desborden. Es hora de darse cuenta que la visión que del país se tiene en buena parte de la geografía nacional es distinta a la que hay en Bogotá.
Infortunadamente, los gobernantes anuncian determinadas políticas, inversión para obras y planes de desarrollo, etc., pero el Estado es una estructura lenta y pesada que hace las obras tardíamente, muchas quedan sin terminar y otras se hacen deficientemente, lo que genera inconformidad en la comunidad.
O se toman decisiones sabias para el Cauca y se genera desarrollo de todo tipo allí, o la estratégica operación militar “Espada de Honor”, será truncada por hechos sociales. Y el país entero necesita que sea exitosa.










