Las recientes elecciones atípicas para escoger un nuevo Gobernador para el Valle del Cauca, constituyen la confirmación de lo que se viene diciendo desde hace algún tiempo, en el sentido de que las los procesos electorales en Colombia están cada vez más permeados por elementos delincuenciales, que desdibujan su sentido y que en últimas constituyen una farsa para muchas comunidades.
Lo que comenzó con reparto de bultos de cemento y de comilonas abundantes durante décadas, pasó ahora a la presencia de dineros oscuros provenientes de contratistas inescrupulosos y de bandas ilegales.
Como si lo anterior no fuera motivo de alarma suficiente, en los últimos días se demostró con esta última elección, que esa interferencia ha llegado a la propia Registraduría, evidenciando que cuando no son suficientes los instrumentos ya enunciados, es posible llegar también a quienes manejan el conteo de los comicios para falsear el resultado.
Esta es la razón por la cual en muchas regiones aparecen candidatos de última hora, que resultan elegidos por votaciones nunca vistas y que están en capacidad de derrotar partidos tradicionales y toda clase de contendores como por arte de magia.
Y es la razón también por la cual, cada vez más, la corrupción se hace presente de manera descarada, haciendo de los recursos públicos un festín en el que hay de todo, menos la intención de aliviar los problemas que padecen las regiones.
Las autoridades se encuentran frente a un enorme reto, ya que de continuar esta situación no queda más que concluir que la democracia en Colombia se encuentra en vías de extinción, porque los que han decidido son los poderes delictivos que actúan tras los velos del dinero mal habido.
Y eso no es todo. Lo peor del asunto es que finalmente cuando la Justicia se decide a actuar, lo hace demasiado tarde, cuando ya el daño está hecho y los implicados ya han logrado las metas de arrasar con los presupuestos públicos que se propusieron.
La tarea inmediata es la de emprender la defensa de la democracia como esencia de la autodeterminación de los pueblos, y la única manera de hacerlo es eliminando todas las interferencias indebidas que puedan acecharla.

