A pesar de que los inconvenientes de todo tipo son enormes para los viajeros y a pesar también de la pésima imagen que se llevan los visitantes nacionales y extranjeros apenas llegan a la ciudad, entidades como la Aerocivil todavía cuestionan si Bucaramanga necesita un aeropuerto nuevo
Publicado por: REDACCIÓN EDITORIAL
Del aeropuerto Palonegro se ha dicho prácticamente todo en tiempos recientes. Que es una verdadera vergüenza para Bucaramanga y el área metropolitana, no solo por el deterioro de sus instalaciones, ya bastante viejas por cierto, sino por el mantenimiento deficiente que se les provee. Que el terminal aéreo se convirtió en un sitio sucio, lleno de moscos y vidrios rotos, digno de una población pequeña de un país que ni siquiera clasifique para ser catalogado como tercermundista. Que no corresponde a las necesidades de una ciudad como la capital de Santander, la quinta urbe de Colombia con una de las economías más pujantes de la nación.
Todo esto y mucho más es rigurosamente cierto. Pero cuando los santandereanos pensaban con resignación que la situación era difícil que empeorara, resulta que no es así.
Y no es así, por cuenta de las decisiones erradas y las determinaciones equivocadas que ha tomado la administración del terminal.
Es que parece como si los problemas que se generan por cuenta de la poca capacidad de la estructura para atender el gran flujo de viajeros, no fueran suficientes. Medidas como prohibir el acceso de vehículos a recoger pasajeros, así como una falta absoluta de autoridad para manejar el tráfico de taxis y particulares que arriban al sitio, lo han convertido en días de alto tráfico en un verdadero caos.
Por cuenta de ese desorden crónico, los viajeros que llegan se ven obligados a subir escaleras cargados con sus equipajes a veces bajo la lluvia, a la vez que quienes viajan deben sufrir demoras considerables para llegar con sus maletas a los puestos de las aerolíneas a obtener su pasabordo.
Y como si lo anterior no fuera suficiente, el parqueadero permanece lleno, quitándole la posibilidad a quienes salen de la ciudad y regresan el mismo día, de dejar su carro en el estacionamiento.
Pero todo lo anterior, así cueste creerlo, no termina ahí.
A pesar de que los inconvenientes de todo tipo son enormes para los viajeros y a pesar también de la pésima imagen que se llevan los visitantes nacionales y extranjeros apenas llegan a la ciudad, entidades como la Aerocivil todavía cuestionan si Bucaramanga necesita un aeropuerto nuevo.
Sí. A esa institución parece no importarle que la empresa que tiene la concesión del aeropuerto, que la obliga a invertirle escasos 36 mil millones de pesos en 20 años, esté de acuerdo con modificar el contrato para edificar uno nuevo. Tampoco que el Gobierno nacional vea con buenos ojos el cambio. Y menos aún parece interesarle que está comprobado que las obras de renovación proyectadas son desde ya insuficientes, dado el flujo y el crecimiento de pasajeros atendidos.
La diferencia entre remodelar el aeropuerto existente y construir uno nuevo es de 45 mil millones de pesos; pero hasta el momento, la estrechez de visión de algunos funcionarios en Bogotá parece condenar a esta región a soportar con resignación la permanencia de una vergüenza llamada Palonegro.









