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Editorial
Jueves 02 de agosto de 2012 - 12:00 AM

Una defensa a ‘capa y espada’

Lo que pasó en este sector de la capital santandereana es la consecuencia del cansancio de la ciudadanía, que impávida ve cómo el problema de los vendedores informales gana y gana terreno, sin que se tomen medidas al respecto.

Publicado por: REDACCION EDITORIAL

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Los vecinos de la Ciudadela Real de Minas no soportaron más. Cansados de que pasaran años pidiéndoles a las autoridades que recuperaran el espacio público, sin que ninguna de sus peticiones hubiera tenido respuesta, decidieron recuperar lo que consideraron suyo y desalojar por sus propios medios a los vendedores ambulantes.

Cargados de palas y palmeras, los habitantes del sector decidieron sembrar estas plantas en el lugar donde diariamente se ubicaban los vendedores de comidas rápidas.

Los ambulantes intentaron por la fuerza volver a ubicar sus carros de comidas, pero la comunidad, convencida de defender su espacio a ‘capa y espada’, no permitió que los informales volvieran a asentarse en el lugar.

Aunque hubo enfrentamientos verbales entre las partes, la gresca no tuvo consecuencias que lamentar. Esta vez la suerte estuvo de este lado, pero se trata de una bomba de tiempo que puede estallar al menor movimiento. Un enfrentamiento de estas características tiene los ingredientes necesarios para dejar un balance de personas heridas y daños materiales.

Lo que pasó en este sector de la capital santandereana es la consecuencia del cansancio de la ciudadanía, que impávida ve cómo el problema de los vendedores informales gana y gana terreno, sin que se tomen medidas al respecto.

La consigna de los estacionarios siempre es la misma: el derecho al trabajo. Alegan que no pueden ser desalojados, porque como todo colombiano tienen el derecho fundamental a trabajar y recibir un sustento. Esto es cierto, pero lo que no es cierto es que se pueda alegar el respeto por un derecho, cuando este está basado en una conducta ilegal. E ilegal es que se ocupen espacios públicos y se tomen acciones de señor y dueño sobre terrenos que son de la comunidad y que precisamente tienen su razón de ser en el uso por parte de todos los ciudadanos.

Además, en muchos de estos casos, no es cierto que estos vendedores dependan de tales ventas para subsistir. Existirán estos casos, sin duda, pero lo que ha demostrado la experiencia es que detrás de la mayoría de estos informales se esconden grandes capitales que recurren a este método de comercialización, para evadir las obligaciones que implican la formalización, e incluso, para blanquear capitales.

Pero sin ir a esos extremos, es bien sabido que muchos de estos vendedores ya son dueños de varios puestos de ventas, como se dice que ocurre en el caso de Real de Minas.

Cierto o no, la única verdad es que la ciudadanía se cansó de que la administración no encuentre solución a, tal vez, el problema más grave de Bucaramanga. Y aunque se aplaude la valentía y el coraje que tuvieron estos ciudadanos de defender lo suyo, coraje que tal vez nos falta para exigir una solución frente al tema, no puede ser que sean los ciudadanos de a pie los que terminen por hacer valer por mano propia los derechos que las autoridades deben hacer cumplir por ley.

Publicado por: REDACCION EDITORIAL

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