De manera acertada el presidente Santos le ha fijado un período adecuado al proceso de negociaciones, para que no se extienda más allá de noviembre del año próximo
Publicado por: REDACCION EDITORIAL
Primero cae un mentiroso que un cojo, dice el viejo adagio popular, que en este caso y de manera profética se les aplica en toda su dimensión a las Farc.
Las contradicciones meridianas entre Sandra Ramírez, quien fuera compañera sentimental de Manuel Marulanda Velez, más conocido como Tirofijo, y alias Rodrigo Granda, denominado por esa agrupación criminal como su Canciller, difícilmente los han podido dejar en mayor evidencia ante el país y la comunidad internacional.
Las palabras de Ramírez, según las cuales las Farc sí tienen lo que ella define como ‘prisioneros de guerra’, pero que el resto del planeta califica como secuestrados, inmediatamente rebatidas por Granda, quien insiste en que esa guerrilla no solo no mantiene plagiados en su poder, sino que incluso no tiene nada qué ver con el narcotráfico, prueba por enésima vez y más allá de toda duda, que el Gobierno de Juan Manuel Santos abordó una tarea titánica al iniciar diálogos con esa organización.
E inició una tarea titánica, porque no solo se trata del intento por acallar las armas de una antigua subversión hoy convertida en algo muy diferente, que ha sembrado de terror y sufrimiento a Colombia entera.
La dificultad real radica en que precisamente son dos de los hechos sobre los cuales las Farc mienten aparatosamente, los núcleos del problema. Narcotráfico y secuestro.
Sin embargo, afortunadamente tanto el país como el Gobierno son conscientes de esa realidad. Tanto, que de manera acertada el presidente Santos le ha fijado un período adecuado al proceso de negociaciones, para que no se extienda más allá de noviembre del año próximo. El plazo, estipulado con inteligencia con el fin de concretar los diálogos pero en caso de fracasar, no someter al país a un mayor desgaste y permitirle de paso a las Farc oxigenarse una vez más.
Así las cosas, la dificultad que se viene en el futuro inmediato radica en cómo manejar unas conversaciones incipientes sobre las cuales el interlocutor tiene como estrategia mentir desvergonzadamente.
Pero más allá de ese obstáculo, monumental desde donde se le mire, el paso inminente es definir la respuesta que se le dará a un interlocutor que niega tener miembros del Ejército y la Policía en su poder, pero al mismo tiempo propone un canje de los mismos por guerrilleros presos, contradicción más indignante aún al tener en cuenta que la nación no sabe todavía sobre la suerte de 80 policías y soldados que cayeron en los últimos años en manos de las Farc.











